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domingo, 2 de septiembre de 2012

EL OSITO DE FELPA



"Cuento"

EL OSITO DE FELPA

Soy un osito de felpa. ¿Te extraña? Si, lo soy. Adquirí esta manía de pensar, cuando por primera vez, sentí sobre mí, las manitas de mi dueña. ¡Que niña preciosa era y es!

Mi chiquita. Ya tiene quince años  y ninguno de los dos, sabemos que nos depara el destino. Y hoy, no sé, presiento algo muy malo. Todos en la casa están inquietos. La servidumbre, la nana y la bruja esa, que es la secretaria del papá de  mi niña y que no me quiere ni un poquito, tampoco quiere a diana o a pepe. Las mascotas de ni niña.

 Mi chiquita esta conmigo. Ha llegado Josefina y le comunica al papá de mi niña.  Que es urgente ir a la oficina. Es Domingo y a todos nos extraña. La mamá de Andrea, que venía, hacía unos días, preocupada. Así la notaba yo. Quiso ir con el. Pero no… Se fue al Oratorio y allí se quedo mientras mi niña y yo estudiábamos para nuestro primer examen en la U.   Papá se demoraba mucho en regresar.  (Yo, siempre le digo papá y mamá a los padres de mi niña. Soy un osito muy particular) Mamá, tampoco salía de su oración y nosotros nos fuimos al salón de la tele.

      Días después,  papá nos comunicó a todos, que estábamos en la ruina, que la compañía había quebrado, y que todo lo arreglaría para que ninguno de los empleados de la casa, perdiera nada y que para nosotros, solo quedaría la casa y la quinta de vacaciones y uno de los autos.  Entonces, paso lo que tubo que pasar. Papá, enfermó, mamá estaba muy triste y mi niña, solo lloraba y cuando estaba sola,  me apretaba en sus brazos  y me decía ¿Sabes osito?  (Cuando no decía mi nombre, me asustaba, porque sabía que estaba de mal genio) “Tu y mis viejos, son los  únicos que me  dan fuerzas para seguir. Pero tu y yo, saldremos adelante y haremos que la gente que nos ha herido y nos ha arruinado, paguen por todo lo que nos han hecho”.

 Toda la servidumbre se marchó. Menos la nana. 
 No hablaba con nadie. Se pasaba las horas a mi lado, pero ni me miraba. Yo no sabía que hacer. Me sentía aprisionado en mi pequeño cuerpo y quería que Dios obrara un milagro. Y éste llegó, con Carmela, la nana, ¡Era  imposible que ella dejara a la mi niña sola, si la había criado y había estado a su lado desde día en que nació!.  En compañía de mamá. Y yo, con ellas, le dimos ánimo e hicimos que volviera a sonreír.  Papá mejoro y todo entro en un proceso de aparente tranquilidad.

 Seguimos estudiando, ya no en la U. más elegante e importante de nuestro país, (pero si, en otra que era buena  y a mi niña y a mi, que nos sentíamos extraños al principio, nos fue gustando más que la primera). No teníamos los mismos amigos. Unos se habían alejado de nosotros, y otros aunque seguían a nuestro lado, ya no nos visitaban con la frecuencia de antes, o, no  venían, de paseo a la quinta de recreo. Nos fuimos sintiendo un poquito “solos”  ¿Porque no se tenía el dinero de antes?

 ¡Y entonces, comenzó nuestra transformación!. La de la niña y la mía. ¡Claro esta!  Hicimos nuevos amigos, que resultaron ser mejores que los primeros. Más alegres, más joviales y mucho más cariñosos.

   Estudiábamos en la tarde. En la mañana, estábamos en la oficina de papá, (mi niña me llevaba todos los días) mamá se veía hermosa, como secretaria privada de papá  y yo, desde mi puesto en el están de los libros, inspeccionaba todo.   
         
 Una tarde, que no fuimos a la oficina, vi, que en los ojos de mi niña, ya no habían lágrimas, ¡había llorado tanto! No por ella, por sus padres y por los desengaños que había recibido de todos, los que decían que la querían. Brillaban sus ojos con esa  luz de triunfo, que había perdido y que ahora, ¡que felicidad!, yo volvía a ver en ellos.

  Rápidamente sacó los vestidos de su armario. Cuando encontró el que deseaba, se lo puso y mirándose al espejo, sonrío. Me  tomó en sus brazos y me dijo: Tú irás conmigo, hoy comenzaremos a recuperar lo que nos han quitado”. 

Y nos fuimos en el auto. ¿A dónde?
 (Dirán Uds. Los que leen mis memorias… “Que mi chiquita era muy inmadura, para estar a toda hora con un osito de felpa en sus manos, siendo ya, una mujer.” Pero se equivocan…  ¿En tonses? Yo me las arreglaba para andar con ella en todas partes. No era como pepe y diana, que se tenían que quedar en casa, ¡nada de eso!. Yo estaba donde ella estaba).

Así comenzaron nuestras andadas.
Nos fuimos. Abel, el conductor de “nuestro” auto. También, estaba siempre al pié de mi niña y sin pensarlo,  nos llevo donde ella le indicó.

Llegamos a una pequeña casa, muy lejos de la nuestra.  Limpia, pero pobre. Todos los regalos que llevábamos le  gustaron mucho a la Señora  y después, de esperar un rato, llego Martín. ¿Quien es Martín? ¡Nada más y nada menos, que el presidente del sindicato de pordioseros de la Ciudad!. (Todos le deben pagarle a el, una especie de impuesto para tener derecho a un puesto fijo, en la plaza principal.         
 Los pordioseros están muy bien organizados. Para entrar a la organización, se tienen que llenar muchos requisitos).

 El viejo Pedro, le ayudó en todo a mi chica, para conocer a Martín. El puesto de él, era a la entrada del Edificio donde estaban ubicadas las oficinas de papá.     Por lo cual, conocía a mi niña desde que estaba pequeñita y la quería mucho. El era el secretario del sindicato. ¿Cómo les parece?

En ese momento yo, estaba como Uds. ¡Sin entender nada. Nada!
 Mi chiquita, converso muy largo con Martín y tan lejos de mi. Que no escuche nada y mi mi niña, no me contó tampoco, nada…Y yo, quería saber. ¿Pero que podía hacer? Nada. Nada. 

Paso el tiempo…Mi chiquita, cambió mucho en este laxo. Era ya, toda una mujercita hermosa y yo, me sentía cada día más viejo y más, estando sometido a ese odioso baño de los domingos.  

  Nadie había descubierto nuestra amistad con Martín y Pedro.
Un lunes, mi chiquita se levantó temprano y se puso lindísima. Yo estaba feliz, pues salir con semejante “churro” era muy alentador y más,  sabiendo que era mi dueña. Estaba muy orgulloso. Pero, luego me sentí muy triste, pues me dijo: “Tu, hoy, te quedas acá, cuando regrese, te contaré todo”. Si hubiese sido humano, creo que había acabado con las uñas. No hice más que soñar, que caminaba, que  era humano. Camine de un lado para el otro.  La angustia me invadía  y las horas se me hicieron eternas. Por fin llegó. Me abrazó y me dijo: “Estuve con un Abogado, le conté lo que nos ha pasado y está dispuesto a darnos su ayuda para recuperar todo  lo que nos pertenece. Por ahora, no le diré nada a papá. ¿Sabes? Volveremos hacer ricos y Josefina y los socios de papá, pagarán todo lo que nos han hecho. ¡No podía creer lo que oía!. ¿Qué había hecho mi niña para conseguirlo?   

Toda esa semana estuve abandonado y me sentía muy celoso, el tal Abogado ese. Era joven y muy bien  plantado y todos los días, se encerraba con mi chiquita, en el estudio a revolver papeles.

Pasaron los días y volvimos a nuestro puesto en la oficina de papa.  Los ojos de  mi niña brillaban más y sus abrazos, eran más tiernos. Nos fue muy bien. Pedro nos seguía ayudando. ¿En que?... Yo, seguía sin saber que papel desempeñaba el viejo Pedro y Martín, el presidente. (Jamás, mi chiquita me comento esto. Y yo, ¡pobre de mi! ¿Como se lo preguntaba? No tenía forma.    

Cuando regresábamos a casa, ya no era a descansar. Mamá, papá, Abel, Carmela y mi niña, todos tenían algo que hacer, (Ya mi chiquita, le había contado a papá lo que iba a pasar. ¿Yo? seguía perdido en mi ignorancia y en mi desesperación).

 ¡Pero que podía hacer? ¿Díganme? Se encerraban en el estudio  y pasaban las horas y las horas y lo mejor. Siempre estaban con ellos, el abogadito que me caía muy mal, por que se le veía que se estaba muriendo por mi chiquita. ¿Que se estaba creyendo ese?

 Y lo más sorprendente. ¡No me van a creer!. Siempre llegaban muy limpios y acicalados, Martín y el viejo Pedro.

¿Que estaba pasando en casa, en mi casa y yo no sabía? ¿Qué se traían entre manos, sin contar conmigo? Pero nada me habían dicho y nada dijeron y yo, me moría de la curiosidad, pero si sabía, que algo grande se acercaba. Y llegó el día.

(Pero antes. Escuchen lo que paso: Y yo… ¡Pobre de mi!… Nada sabía y me estaba muriendo de la curiosidad y también de la rabia. ¿Como era que me tenían tan olvidado, tan marginado en mi propia casa y como permitía, esto mi chiquita? 

¡Estaba aterrado! ¿Se acercaba para mi el final de mis días? Y más, todavía. Más... El abogadito, el muy….¡Descarado!… Llego con una linda osita. De felpa muy blanquita, con unos ojazos… Como los de mi chiquita. ¡Quede bobo! Pero reaccione y la ¡odieeeee!…)

Me salí de la historia, para contar mi propia historia. ¿Pero… No se enfaden conmigo. ¿Al fin y al cabo no es  mi biografía?  

 Los sirvientes que se habían marchado, volvieron. El viejo Pedro se convirtió en el jardinero. Martín, se fue a vivir a la quinta de recreo con su esposa.

 Fin, de la  Primera Parte
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Amigos: En próximos días les entregaré la segunda parte de esta historia. ¿Hoy? me voy …. Puede…Puede... Que les cuente, quien se esconde dentro del osito...

Domingo, 2 de Septiembre de 2012
                                                                                            
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Segunda Parte y Última

La hora cero se acercaba. Mi chica estaba feliz; se compró un vestido muy lindo y me dio un gran baño, no me chocó, yo también, estaba contento. El joven Abogado llegó. La casa estaba hermosa. Pedro y todos los demás sirvientes, parecían soldaditos de plomo, impecables y muy serios y mi niña y yo, listos en el estudio.

 Unos señores que nunca había visto, llegaron y se acomodaron en sillas tan altas que se los tragaban, como a mi y otros, se acomodaron detrás de las gruesas cortinas. Todo me parecía muy extraño, pero la curiosidad me tenía alerta, no quería  perderme nada de lo que estaba sucediendo.

Mi niña, me colocó encima del escritorio y ella se sentó en la silla que pertenecía a su padre. El Abogado estaba de pie a su lado. Al momento, entró Pedro y avisó la llegada de Josefina y de los socios de las distintas empresas de su padre. Aquella chiquilla se iba a salir con las suya.                                                       

Al entrar, ninguno la reconoció. Y ella, sin vacilar, los mandó a sentar alrededor de la gran mesa. Todos sacaron papeles de sus portafolios y se dispusieron a rendirle cuentas a la mayor accionista de todas las compañías que cada uno de ellos representaba. Cuando los escuchó, fue al escritorio y sacó unos documentos amarillentos por el tiempo. Todos, se preguntaban entre sí, quien era ella. Mi chica no habló. El abogado se limitó a leer cada uno de los documentos. La persona aludida, se turbaba y se movía nerviosamente en su silla. Al terminar, Josefina dijo: 

“No es del caso hablar de transacciones hechas por el antiguo dueño de estas compañías. “Yo fui su secretaria y se todo los relacionado con ellas y no hay un solo documento que pueda anular dichas negociaciones”. Esta muy equivocada Señora, contestó el abogado.  Estos simples papeles demuestran muy claramente que todos Uds. robaron y se apoderaron de las compañías mencionadas y por medio  de amenazas, obligaron a su legítimo dueño, a firmar papeles, que legalmente no tienen valor.

Todos se levantaron de la mesa. Vociferaban y entre gritos y gritos, se culpaban unos a otros,  confesando poco a poco todo lo que habían hecho, los trucos a los cuales habían recurrido. Odiaban y envidiaban a su antiguo jefe y consiguieron lo que querían. Arruinarlo. ¿Más, quien podía comprobarlo? En ese momento los Señores que estaban sentados en las sillas altas, y detrás de las cortinas, salieron y fueron poniendo las esposas a todos. Todos quedaron detenidos.

 Mi niña dijo: Ellos, son mis padres y señaló a la puerta, por donde entraban en ese momento.  Yo, hoy, les he devuelto, lo que Uds. les quitaron y Uds. han vuelto a ser lo que siempre fueron…Parásitos, sanguijuelas malditas. 

Me cogió del escritorio y salió como una reina. Yo quedé admirado y aturdido a la vez. ¡Esa era mi niña! Estaba muy feliz. 

Pedro y Martín, habían sido unos maravillosos espías y por ellos, y su trabajo detectivesco, se había podido recuperar todo.

 Hora… Ya podía dormir tranquilo mis últimos años.... Tengo mucho sueño...    

El Osito de Felpa....


Eva 
Jueves, 13 de septiembre de 2012
                                                                                                                                                          Derechos de Autor Reservados 





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