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sábado, 20 de julio de 2013

RECUERDO DE UNA AMIGA





RECUERDO DE UNA AMIGA

Llego el verano, y con él,  el anhelado viaje que nos llevaría  a este grupo de chicas por  por las distintas rutas de castillos, torreones y  fortalezas de Europa. Primera escala: España.

Luego, llegaríamos a Viena, al gran baile de la Opera, donde sería la celebración de nuestros diez y ocho años. Para continuar el recorrido por otros países, y otras rutas, de castillos y museos.

Un viaje en pleno siglo XX. Para adentrarnos en  los primeros siglos de la historia. Sus tiranías, sus grandes injusticias, y también, los grandes héroes de los distintos pueblos, sometidos por la desigualdad social. Además, de conocer la evolución de sus  democracias.

Era un lindo regalo, que  se nos daba. Al dejar nuestra niñez y al convertimos en adultas. En mujeres.

 ¡El regalo de los diez ocho años!

¡Este viaje era un sueño!…Pero como sueño que era, se  podía convertir en pesadilla. Y así fue.

De las veinte chicas que viajaríamos, unas con nuestros padres, y otras, con sus nanas, y todas, bajo la dirección de las profesoras de nuestro colegio. Al final, solo quedo un grupo de diez. Y ahora que lo pienso, (casualidad) solo quedaron incluidas en el, las que viajaban con sus nanas o solas. Las otras, por un motivo o por otro, no pudimos viajar.

Y llegó el día. Todas fuimos al aeropuerto a despedir a nuestras compañeras. Todas hacíamos recomendaciones. Largas listas de compras. Cartas para entregar a amigos o familiares, quedándonos con una gran nostalgia, tristeza y rabia. Todas habíamos planeado este viaje y solo unas, lo realizarían. Las otras, tendríamos que esperar. No quedaba de otra.

El avión partió y nosotras cabizbajas y rabiosas nos volvimos a casa.

En cada escala que el avión hacía, nuestras compañeras, sin olvidarnos, se  las arreglaban para comunicarse con alguna de nosotras y así todos los días, nos reuníamos para saber de ellas, sus aventuras y también sus tropiezos.

Llegaron a España… ¡Madrid!… Un lindo Hotel, las esperaba, en la vía Real. El lujo y comodidad de cada habitación, tenía deslumbrada a aquellas chiquillas que, comenzaban a vivir y a conocer otro mundo diferente al suyo.

Este primer día fue de descanso. Al día siguiente invadieron a  Madrid, con su alegría. Querían ir a todas partes, a las grandes tiendas, a los museos, a las exposiciones…A todo…

Así pasaron esos primeros días… Ya era la hora  de que comenzara el recorrido turístico e histórico  que  se tenía planeado:

Tomaron “La Ruta de la comunidad de Madrid”: Este  las llevaría a recorrer todos los castillos de esta Ruta. ¡Es única!  ¡Es urbana! Que las llevaría a recorrer Madrid y varios municipios cercanos de la Sierra de Guadarrama que hacen parte de ella.

Tomaron sus morrales y salieron con sus guías, dispuestas a conocer la historia de un país hermoso.

Lo primero que conocieron fue el maravilloso camino histórico que conduce hasta el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que es el núcleo de esta ruta donde se  encuentran edificios, obras de ingeniería y jardines de gran valor histórico-artístico. En la primera localidad  se destacan, además del Real Monasterio, las Casas de Oficios y la Casita del Infante (o de Arriba) y, en la segunda, la Casita del Príncipe.(la de abajo).

El primer tramo, el de ida. Parte desde la ciudad de Madrid hasta Torrelodones, Collado Villalba y Guadarrama. Desde aquí se accede a San Lorenzo de El Escorial y El Escorial, que conforman el foco principal. El tercer trecho, el de vuelta, recorre Robledo de Chavela, allí, se encuentra La Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Frenedillas de la Oliva, Navalagamella y Valdemorillo, desde donde se regresa a la capital.

También En la Ruta Imperial se encuentran La Atalaya de Torrelodones que se construyó en el siglo IX  en el período omeya de Al-Ándalus. Es la siguiente edificación en antigüedad. Esta  es la atalaya musulmana mejor conservada. Surgió como una torre destinada a vigilar las posibles incursiones cristianas. Situada en lo alto de un cerro granítico, (Su altura es de once metros o algo más, por encontrarse en un cerro, muy empinado).  al borde de una gran  autopista (Autovía del Noroeste). En localidad de Hoyo de Manzanares. Muy cerca de esta, se encuentran las ruinas de otra atalaya islámica, La Torrecilla.

 En la Ruta Imperial se les suman varias construcciones de siglos y estilos diferentes. Las corrientes arquitectónicas mejor representadas son el gótico tardío, presente en la iglesia mayor de Robledo de Chavela, y el neoclasicismo, que se concentra preferentemente en el Real Sitio.

 En la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama. Entre las construcciones premedievales, se destaca la Silla de Felipe II, en San Lorenzo de El Escorial, tal vez la huella humana más antigua de la Ruta Imperial. Según la tradición, fue mandada a labrar sobre una roca natural por el monarca, que la utilizaba como observatorio de las obras del Monasterio. Sin embargo, recientes investigaciones apuntan a que puede tratarse de un altar vetón.

A esta oferta artística se le añaden dos monumentos del siglo XX, sin un estilo definido: El Valle de los Caídos y el Palacio del Canto del Pico.

Bueno, no hablemos más de la ruta Imperial. Pero no olvidemos esta Atalaya Torrelodones que es y será, parte central de nuestra narración. De nuestra historia, (real como todas las que les cuento).

Así, este grupo de chicas latinoamericanas, recorrían el mundo descubriendo su parte histórica, sus bellezas naturales y su gran avance, en esta época moderna.

Todas felices. Pero había una, linda, simpática, amable. Con todas las cualidades que quieras, regalarle. Que no era feliz. Se le veía triste, pensativa, rara, pero solo a ratos y esto, hacía que poca atención les dieran las demás. Decían: “Esta de mal genio” “Esta cansada” llamaron un médico. Le mando, simplemente, unas gotitas para que estuviese tranquila.

Así se terminó el viaje por España.

 Siguieron, a Austria. En Viena. Fue algo de ensueño. Cada una realizo su gran sueño.

Fueron alojadas en un pequeño palacio, (el palacio de la Infanta) que compartieron con niñas de otras nacionalidades y también, de Viena. Los edecanes serían hijos y nietos de los miembros de la antigua  guardia real y la mejor casa de modas se encargaría de los vestidos de ellas y profesoras.

¡LLEGO LA GRAN NOCHE! Cada niña era llamada por su nombre. Y de la mano de su edecán entraba por la gran alfombra roja, hasta el centro de la pista donde eran saludadas por las autoridades de la Ciudad.   Cada una, se sentía princesa de un cuento de hadas. Pero había una que estaba, triste, ausente… Aunque esa noche, su belleza era radiante. ¡Era Angélica!

Como todo sueño… Termino…

En los próximos días, conocieron todas las maravillas de esta linda ciudad. Luego, salieron rumbo a Italia, pasaron a Alemania y llegaron a Francia. ¡Paris! ¡La Ciudad Luz! Y fueron felices…Comprando…Comprando. Visitando museos, visitando palacios, caminando por los Jardines Reales, visitando la torre Eiffel,  navegando por el Sena y soñando…

Luego, unos días de descanso en los viñedos del Norte y de regreso a España.

Y otras rutas de castillos e historias. Más compras y preparar el regreso. 

Pero el destino las llevaría de nuevo  a la atalaya de Torrelodones y a la pequeña:  La Torrecilla.

Todas se empeñaron en volver allí. Según ellas, les faltaban fotos que eran importantes para sus distintos trabajos de grado.

Y ALLÍ VOLVIERO…Se repartieron. A las ruinas  de La Torrecilla, se  fueron unas, y a la Atalaya,  de Torrelodones, las  otras.

Angélica, la niña triste, estaba en el grupo. Ninguna se separaba de sus compañeras. Siempre andaban de cinco en cinco, eran diez. (Dos grupos). Cada grupo tenía una profesora que era la responsable de él y  las nanas, que quisieran ir. Siempre, las cinco chicas de cada grupo, estaban acompañadas, además, de un guía.

Tomaron las fotos, corrieron en los pasillos, rieron, subieron, bajaron y luego, como chiquillas que eran, se fueron a tender en la hierba del campo que rodea las atalayas. Saludaban a los coches que pasaban por la autopista A-6 y reían despreocupadas.

Mariana, otra chica del grupo, comenzó a llamar a Angélica. La buscaba y a todos le preguntaba, qué en que grupo estaba ella. Nadie lo recordaba. Llegaron las que estaban en las ruinas de La Torrecilla y tampoco estaba con ellas. Mariana seguí buscando a su amiga. Ya preocupada y asustada, comunicó a su profesora y a los guías. La comenzaron a buscar:

 Las profesoras, los guías,  lo mismo, una o dos de las nanas, que  se encontraban en el grupo, fueron de nuevo a las atalayas. Los guías no la encontraron. Llamaron a las autoridades de la cercana  localidad de Hoyo de Manzanares. Pero nada… no la encontraron.

Pasando las horas, la larga tarde de verano se terminaba y con ella, llegaron las autoridades de Madrid.  Las niñas fueron devueltas al hotel. (Era más seguro para todas) la búsqueda se prolongó todo ese amanecer.

Los lugareños, que siempre estuvieron dispuestos, encontraron el cuerpo sin vida de Angélica entre los jardines y arboleda que rodea la Atalaya de Torrelodones.

 De allí, después de toda los trámites legales, su cuerpo,  fue llevado a Madrid.

Esta chica, que era una de las pocas que viajaba sola, fue siempre, en todo el viaje, rodeada del afecto y cariño de todas sus compañeras, profesoras nanas de las demás chicas.

Y ahora, estaban a su lado. Era tanto el impacto. Que nada decían. No lloraban. Nada comentaban.

Las autoridades, la Embajada, profesoras, y las nanas, decidieron  avisar a la familia de Angélica para que viajaran y decidieran lo que se iba hacer con el cuerpo.

Las chicas, profesoras y nanas, fueron alojadas en la  Embajada… Todos estaban pendientes de la familia de Angélica. Y para todos,  fue una desagradable sorpresa, la indiferencia, la frialdad de sus allegados. En los días siguientes; padres de las otras chicas llegaron para estar con sus hijas. La familia de Angélica nunca llegó.

El tiempo pasaba. La situación era confusa. Entonces, se tomó la decisión de sepultar a Angélica  en el cementerio de  Almudena, en el lugar clasificado para los suicidas. (Todavía no se había prohibido esta discriminación) Todo el grupo  asistió. (Los miembros de la Embajada, como los padres de las otras chicas corrieron con todos los gastos). El personal del hotel, las autoridades de Madrid, y todos los lugareños y vecinos, de la atalaya de  Torrelodones. No la abandonaron.  El vació por la  falta de la familia de Angélica, no se notó.

Así, rodeada de flores, en un lindo y caloroso día de un  verano español, se sepultó el cuerpo de una amiga, que no quiso volver a su país. Que sola, realizó su sueño y sola, afronto la muerte.

Todas las chicas regresaron. Todas quisieron acercarse a la familia de su compañera, pero, siempre la puerta les fue cerrada y jamás recibidas.

Han pasado los años. La historia de Angélica, sigue en el recuerdo de todas. Y nuestras vidas se dividió en dos (Antes de, después de).

Los motivos de esta tragedia nadie las supo, ni lo  sabrán. Pero siempre ella, estará en nuestro recuerdo. En el recuerdo de todos sus amigas y amigos y cuando alguno viaja a España, busca el lugar donde fue sepultada, aunque no esté allí,  ya que con el tiempo, se exhumó su cadáver y fue incinerado. Sus cenizas, se lanzaron al viento desde la Atalaya del  Torrelodones. Punto obligado, de todos nosotros, sus compañeros.
 
Hasta acá, esta historia que nos pertenece a todos. Los que estuvieron con ella hasta último momento  y de quienes la  vimos partir feliz. 

Eva

Domingo 21 de Julio de 2013

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