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lunes, 30 de junio de 2014

MI VERDAD SOBRE LOS HIPPIE





MI VERDAD SOBRE LOS HIPPIE


(Era Febrero de mil novecientos sesenta y cinco) Estamos a  principio de semana y hemos aceptado una invitación original: “Ir a una comuna Hippie”. Como estudiantes,  esta  invitación era la oportunidad para realizar un reportaje genial y más, que ellos, muy organizados, nos dejarían pasar unas horas en su campamento; pero no podíamos llevar cámaras, ni grabadoras, ni siquiera una libreta con su respectivo lápiz. 

 Este nuevo movimiento social (Esta “tribu urbana”, se puede calificar, como uno de los primeros movimientos juveniles, rebeldes y roqueros, que degeneraron en la droga) Da lástima, ya que sus sueños de paz y libertad era lindo.

Vamos en blue-jeans, chaqueta de gamuza, mocasines y gorros de lana, por consejo de nuestros anfitriones y llevamos el vino tinto recomendado por ellos. Mas una risa nerviosa que no nos dejaba ni hablar. Nuestro grupo, estaba conformado por un profesor y cinco estudiantes (tres mujeres, dos hombres y el profe)  Llegaron por nosotros en dos pequeños coches donde nos acomodaron. Al jefe, lo llamaban simplemente, jefe y a su compañera, Flor de Loto. Gracias a Dios no estaban usando ninguna sustancia en ese momento y se portaron con gentileza y hasta, con elegancia.

 Cogimos una carretera que nos llevó a un pueblo cercano. Es una carretera con muchas curvas y siempre en subida. El paisaje es hermoso, pero esa tarde estaba fría y nublada. La llovizna fina, empañaba los vidrios y dejaba que el agua entrara por la estropeada capota del auto.

 Llevábamos más o menos una hora, por una linda carretera cuando llegamos a una bifurcación y tomamos una carretera estrecha y destapada, pero muy hermosa llena de árboles a lado y lado y el paisaje  es mucho más hermoso que el anterior, ya que es un valle, completamente sembrado de matas de lavanda.

¡El jefe corría! A la izquierda de la carretera, se ve una linda y pequeña capilla antigua y hacia ese lado, nos dirigimos.

 La carretera se convierte en un pequeño camino. ¡Que hermoso llano se nos presenta a nuestra vista! ¡Es lindo que exista a ésta altura, un paisaje tan hermoso y solo a una hora y media del centro de la ciudad!

No hemos hablado  en todo el trayecto. El Jefe y  Flor de Loto, se notan nerviosos y nosotros, no sabemos como portarnos y menos, como iniciar un conversación normal con ellos. Por fin llegamos. El frío es terrible.

 Nos esperaban ocho parejas más.

 Los vestidos, son vistosos y  muy lindos, parecidos a las mantas guajiras, del norte de nuestro país.  Algunos de ellos, llevan ruanas largas de pura lana, cintas en la frente, grandes collares con el escudo de la paz y muchos dijes.

Las chicas y los chicos son unos verdaderos niños, delgados, pálidos, de ojos tristes, algunos y otros más alegres, Da lástima que jóvenes como uno, se pierdan por ideas equivocadas.

Una chica que espera bebé, se ve mal. Es fuerte el impacto. Pensé, que nada de lo que viera me iba s impresionar, pero  no, es duro.

(Ahora, que han pasado los años, me sigue impresionando ver y comprender, como las personas, en especial la gente joven, se pierde en ideas equivocadas)

El saludo es original. Colocan su mano derecha en el codo de nuestro brazo derecho y uno debe  hacer lo mismo y dicen: “Paz y amor.”

(Es un estilo de vida, que quiero conocer y escribir sobre él. Además, son merecedores de mi respeto y consideración, porque ellos la escogieron)

Después del original saludo, vamos a las tiendas donde viven: Me recuerda, a los pueblos nómadas del desierto o a los gitanos trotamundos de Europa y también a nuestras tribus indígenas, de la amazona con sus malocas.  

En la tienda más grande, forman un círculo alrededor de una gran fogata donde parece, que es una cocina comunal. En este momento, hierve café que nos ofrecen. Luis y yo, nos miramos y luego miramos a Flor de Liz, quien contesta por nosotros, solo toman vino, respiramos tranquilos, y ellos se rieron.

Sus carcajadas son burlonas pero alegres y mi temor se va disipando. Nos sentamos en unos cojines muy bellos. En cuero entretejido, hechos por ellos. Unos  se retiran a sus tiendas, otros, cantan baladas y otros, se sientan a nuestro lado. Algunos tienen la mirada perdida, como si estuvieran mirando al infinito o miraran  su interior… Sus recuerdos, sus vivencias y también, sus experiencias. Ninguno nos mira.

 Hablan de si mismos, para si mismos, nos están ignorando, pero se nota que quieren hablar y talvez, compartir con alguien, sus vidas.

Nos cuenta, que han viajado por todo el país y por fuera de el, que son nómadas, que se han convertido en una tribu, que viven en comunión con la naturaleza, con la vida, que para ellos es esencial y primordial el amor y compartir conocimientos y todo lo material que cada uno tiene. O sea que no hay propiedad individual, todo es de todos y para todos.

La mayoría viven en el campamento, otros, se reúnen, con ellos, los fines de semana,  para viajar o para pasar pequeñas temporadas y compartir sus problemas, sus alegrías y  sus logros. Por lo que puedo observar, hay representantes de todas las clases sociales y algunos extranjeros. Todos tienen funciones específicas.

Hay una tienda, la más grande, que es el taller, el punto de reunión, donde cada uno va fabricando sus artesanías, es como una colonia de artesanos, de artistas, de grandes creativos, pero para ellos, esto, no es lo importante, pues, aunque es lo que les da para el diario vivir, no es su prioridad.

Veo algunos haciendo yoga, les pregunto si la practican como religión y me dicen que no, que conocen algunas posturas especiales para meditar pero nada más. Aquí cada cual, tiene libertad para escoger su Dios y llegar a Él.

Le pregunto a Flor de Lis, por qué él es el jefe, por qué  tienen nombres de flores y no usan sus propios nombres, como se conocieron, para poder formar ésta especie de clan. Me mira con cierta ironía y me contesta con nostalgia: “Tenemos algo en común, la soledad, el amor al arte, el deseo de ser justos, de que todos nos  aceptemos como somos y respetemos a todos los seres vivos del universo. En la calle nos fuimos conociendo y comenzamos a compartir nuestras experiencias, nuestros fracasos, nuestra soledad y angustia. Entonces, nos reunimos para formar, sin darnos cuenta, una pequeña comunidad diferente a la sociedad de donde veníamos y donde, por nuestras ideas de libertad, de amor y paz,  somos mirados como bichos raros.

El jefe que fue el que contesto nuestras preguntas siguió… Soy el jefe,  porque ellos, todos, lo han querido así. Pero yo no soy el que mando, u ordeno, no, ellos, de común acuerdo, presentan sus programas de vida y yo, solo me limito a corregir, a mejorar o a quitar aquello que creo, que nos puede hacer mal a todos o algunos de nosotros. Llevamos nombres de flores, porque amamos la naturaleza y queremos olvidar de donde vinimos y quienes quisieron que fuéramos.

 Le hago la pregunta de rigor. Las drogas. El se ríe. Flor de Loto, nos sirve un trago de vino, calientito y nos contesta con otra pregunta: ¿”Creen Uds. que si estuviésemos  perdidos en la droga podríamos crear tantas cosa bellas”?

 En esos momentos escuchamos la melodiosa voz de una chica, que con su guitarra, entona una linda canción y comprendemos, que tiene toda la razón….Hay dolor en la melodía, hay un eco de rebeldía, pero todavía hay esperanza y amor. Vuelvo a preguntar sobre las drogas. Y ya en forma más seria, un poco confidencial, me responde: “Si la utilizamos” Por ella nos conocimos, por ella estamos unidos y también por ella, hemos tenido mucho dolor. Pero, nos ha hecho madurar, luchar y ahora, casi puedo decirles, que hemos aprendido a no dejarnos destruir por ella. Todos, o casi todos, somos universitarios. Todos tenemos el sueño de ser libres, de no luchar en la guerra, en que hemos vivido siempre. Con la desigualdad de clases, con la corrupción. Queremos, simplemente, ser felices y encontrar esa Paz de la que siempre oímos hablar, pero que nunca hemos conocido. Y ahora, puedo decirles, que nada de esto hemos logrado, tal vez, lo más parecido a nuestro  ideal, es ésta pequeña comunidad donde ahora estamos viviendo y que cada día luchamos por mejorar  para encontrar el norte de nuestras vidas, que en el camino, hemos perdido”

Es poco lo que hablan. Cada uno vive en su mundo. Solo en caso de emergencia, se auxilian mutuamente. Cada cual, es independiente, pero comparten, en medio de su independencia. Su amor, sus conocimientos, sus sentimientos, su comida, la hierba, (es la única que usan) sus experiencias, sus sueños, sus tristezas y también, sus pequeños o grandes alegrías y logros

Le pregunté a un chico, llamado “Capullo”, sobre su compañera, y si era verdad que las parejas se podían cambiar cuando lo desearan. Me miro y dijo: “No. Aquí cada hombre tiene su mujer y cada mujer tiene a su hombre, todos respetamos ese amor que nos ha unido, y solo, cuando se presentan problemas que no se pueden remediar, entonces, si, nos separamos, pues, lo que buscamos, es vivir felices y para esto, se necesita, amor, respeto y mucha comprensión. Esa es la gran diferencia entre Uds. y nosotros. Nosotros, estamos aprendiendo a vivir en paz y en armonía con Dios, con el universo, con la naturaleza, con la vida.” A semejante respuesta, solo me quedé callada y me perdí en mis propios pensamientos y comprendí, que tenía toda la razón.

Nosotros, aunque creemos amar, no sabemos darlo, no nos entregamos, no buscamos comprender, no entendemos la libertad que debe existir en el amor, la confianza, la ternura, el respeto, ese aprender a mirar, a descubrir a nuestra pareja. El amor para nosotros, es algo distinto. Es el querer recibir todo y no dar nada a cambio. Este chico tenía toda la razón: ¡Qué diferente éramos y que diferente manera teníamos de afrontar la vida y nuestros sentimientos!

No vimos ninguna escena erótica o censurable. Sus manifestaciones de amor, eran suaves, tiernas, con un hermoso toque romántico, algo que se veía y se sentía en ese ambiente, era como un sentimiento de relajación y de dulzura.

Seguí observando la conducta de todos: Unos pintaban, otros bordaban, otros tallaban en madera, otros, manejaban la cerámica con destreza. Algunos leían o escribían, mientras otros sencillamente, dormían, todos al son de hermosas melodías, melancólicas y un poco tristes.

Volvimos a nuestros cojines. El frío, calaba hasta los huesos. La lluvia .arreciaba y por primera vez, el campo me pareció triste. Nos tomamos otro trago de vino caliente y deseé, estar en casa.

No quería estar más allí.  Tanto talento perdido, tanta juventud desperdiciada, desde mi mediocre punto de vista, me conmovía y no alcanzaba a entender porqué ellos mismos, se querían excluir,  poco a poco,  de la vida, como si  se estuvieran castigándose por algo.

Pedí que regresáramos. Me complacieron. Todos salieron a despedirnos. Tomaron nuestros brazos  brazo y repitieron: “Paz y Amor” Mis compañeros y el profesor, estaban desconcertados como yo, nos sentimos solos y subimos  al coche y partimos.

La tarde caía, no hablamos. Cada uno de nosotros estábamos sumidos en nuestros propios pensamientos.

Dos  horas compartiendo con ellos (fuera del viaje) y todo un  archivo de recuerdos, que siempre vivirán en mí, dejando una huella indeleble en mi alma.

Una experiencia más en mi vida, que la comunico, para llegar al corazón de aquellos que creen que la libertad, es hundirse en las drogas, y experimentar toda clase de sensaciones nuevas e irreales que no dejan que la paz interior, esa paz que pregonan y dicen vivir, la vivan realmente y se convierten, en seres marginados, de una sociedad corrupta, que ellos quieren mejorar y cambiar. ¡Qué ironía! ¡Se destruyen así mismos, buscando lo mejor para el mundo en que viven!

No hay que buscar la libertad a fuera de nosotros mismos. Aceptémonos, como somos, demos, a los que nos rodean, lo bueno que tenemos y aprendamos amar.  Demos a los demás todo lo positivo que tengamos y luchemos por aprender de todos, lo bueno que nos puedan dar. Esa fue la lección que aprendí en esta visita hecha a la comunidad Hippie del año de mil novecientos sesenta y cinco, cuando era yo, todavía una estudiante.

Ahora, este movimiento se acabó y si algo queda en los sueños de algún joven es rechazada, ya que ahora las Tribus de Ciudad, tienen otros intereses distintos al amor, la paz y la felicidad. 

 Siempre los recordaré. Han pasado los años y los sueños de ellos no han tenido eco en nuestra sociedad que sigue siendo igual. Esta visita, fue la clase de humanidades más bella recibida en mi vida. Seguimos soñando con la libertad, con la paz, con la igualdad y hasta ahora, no se ha  conseguido nada.

¡Los valores no existen!  Aprendamos a amarnos  y amar. 

Eva
Lunes 30 de Julio de 2014
Derechos de Autor Reservados





2 comentarios:

  1. Eva , que maravilla, nunca había escuchado de primera mano alguien que hubiese tenido esa experiencia y menos en nuestro continente, solo por películas, Mi percepción es algo distinta creo que fue un momento muy interesante de la historia contemporánea, sus ideales calaron y en mi alma siguen vigente, no se si es una autoexclusión pero es que es la única manera de vivir en paz en una sociedad altamente competitiva e individualista , se que fue una Utopía, pero sabes siento que gracias a esa generación yo puedo tener libertades que ese tiempo entiendo no existían... tal vez al no vivirla la sublimizo , igual me fascino besos amiga

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  2. Bichita 23: Gracias por tu comentario. En realidad, los ideales de ellos, eran hermosos. Pero todo lo hermoso, lo romántico lo bueno, en nuestra dura realidad americana, se convierte en algo irrealizable, porque se pierde en la oscura realidad en la que nos obligan a vivir
    los que solo, buscan su beneficio.
    un gran abrazo, Eva

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