Buhardilla

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sábado, 24 de mayo de 2014

EL VIAJE Capítulo 3



EL VIAJE

Capítulo 3  



Manuela cerró de nuevo, los ojos. Esto le parecía un sueño, una pesadilla. No entendía nada.

Se repuso un poco y en compañía, de sus padres y amigos se retiró de allí. No vio a Arturo.

Luego supo lo que paso. Todos los invitados, al desmayarse, se preguntaban, quien era ella, para que el  maestro, hubiese corrido a tomarla en sus brazos. ¿Cómo era que sin ver,  pudo guiarse hasta dónde estaba?

Entonces, se dieron cuenta que era la modelo del cuadro y todos se abalanzaron sobre ella, para pedirle autógrafos y fotos.

Al estar desmallada, lo que necesitaba era aire. El maestro, consciente de ello,  los retiro de allí. Por eso, no la vio al salir con sus padres.  

Ya en casa y muy confundida, se preguntaba. ¿Cómo la descubrieron? ¿Cómo supo el, que ella, era ella? La mamá, le dijo: “Acabo de darme cuenta el por qué, él te reconoció. Si su sueño fue tan real como el tuyo, (que tuvo que ser tan real, como para pintar el cuadro) sintió tu perfume, ya que siempre usas el mismo y nunca lo cambias" ¿Y hoy? No lo cambiaste. ¡Todo lo cambiaste, menos el perfume!  

El médico  y todos los que allí estaban, no sabían que decir. Un detalle, que se puede calificar de pequeño, fue la clave para que el, la descubriera. Pero había otro interrogante flotando en el ambiente. ¿Cómo la pinto, aunque fuese en un sueño tan especial, siendo ciego?

El médico se despidió y dijo: Voy hablar con él, es la única manera, de saber detalles de su sueño. No se puede negar, por ningún motivo. Ya que tengo que velar por la salud mental de Manuela y de todos nosotros.

Y como lo dijo, lo hizo. Llegó al Hotel donde se hospedaba  Arturo y subió hasta su  alcoba y allí, de manera más reservada y más íntima, escucho la manera como había, el soñado y como se había desarrollado dicho sueño.

El médico de Manuela, Jaime, era su nombre (que dicho sea,  no lo había dado.) Le contó, con lujo de detalles, el sueño de ella.

El sueño de Arturo, (ya conocemos el de Manuela) fue así, según lo contó a Jaime, (el Médico): “Él se encontraba en el Palacio de  Artes de su Ciudad, salió de allí, vio en la plazoleta, sentada en el banco, frente a la gran fuente a Manuela, (en sueños, él podía ver perfectamente)se sentó a su lado y comenzó, a ser los bocetos de su retrato, ella tampoco hablaba, el solo le decía que mirara acá o allá.  Ella, lo obedecía y él le entregaba lo que iba pintando, luego, camino con ella de la mano” Como podemos darnos cuenta, todo fue igual. Luego, no se volvieron a encontrar y desde entonces, solo recordaba de ella, su perfume y nada más.

Cuando expuso en la galería del Gran Hotel  de su Ciudad, todos los que asistieron a la inauguración, le hablaban de su modelo, pero él, nunca se encontró con ella. Todos le comentaban que era igual  y que estaba hospedada allí, que había llegado en un crucero. La buscó pero lo que averiguo no le dio pista ninguna para encontrarla y desde entonces, llamo a su obra, LA DESCONOCIDA.

De su modelo, solo recordaba su perfume, su fragancia y nada más.

Y desde entonces, la buscaba y desde entonces, buscaba recuperar la visión y por ello había viajado, a esta Ciudad, (allí se encontraba uno de los mejores Oftalmólogos, del mundo) Él no sabía, que la podía encontrar allí.
Para él fue una gran sorpresa, al darle el autógrafo, sintió su fragancia y se arriesgó a coloca su nombre.

Jaime le preguntó: ¿Ud. como sabía su nombre si en el sueños dice, que ella no hablo y ella, dice lo mismo? El contesto: Porque en el Hotel estaba su nombre y el de sus padres en el registro y me lo dieron, pero no me proporcionaron ninguna otra información.  

El Doctor, estaba cada vez más sorprendido y luego de un buen rato de estar callado, le dijo: ¿Quiere ir conmigo a verla? Creo que a los dos, si hablan, les  haría bien.

Así lo hicieron. Se reunieron todos en la sala de la casa  y hablaron sobre el tema central: El sueño.

Luego, sobre la vida de cada cual y más tarde, se retiraron todos y los dejaron solos para que ellos dos pudieran hablar e intercambiar recuerdos de todo lo que habían vivido, sin vivirlo, o lo que habían soñado, sin soñarlo. 

Se sentaron en el gran sofá frente  la chimenea y allí, cada uno fue recordando todos los detalles, hasta los más pequeños de su aventura y Manuela ya tranquila y relajada, (pero todavía incrédula, de lo que vivía) comenzó a contarle de los cambios que había hecho para que nadie la reconociera como la modelo del cuadro y se rieron juntos.  Ella, le exageraba y el, cada vez que paraba de reírse, le decía: Todo lo cambiaste menos el perfume y volvían a reír y de pronto, se quedaban callados mirándose y Arturo le decía: Te veo al mirarte, exactamente igual a día en que hice tu retrato. Ella, solo callaba, como en el sueño, pero ahora, lo sentía más cercano. Pero aun así, sentía miedo.

La velada termino, el medico llevo a Arturo de regreso al Hotel y volvió al lado de Manuela.

La encontró más tranquila, más serena y esa noche durmió bien sin sobresaltos.

Había un detalle, todavía, sin resolver: ¿Cómo llegaban las rosas? Lo tendría que hablar con los dos y averiguarlo. ¡Arturo y Manuela, lo iban a enloquecer! ¡Pero que lo averiguaba, lo averiguaba!

Al día siguiente, más sereno, se comunicó con otros psiquiatras colegas y quedaron de verse esa tarde, para ponerlos al tanto de todo lo ocurrido.  
 
Eva
Sábado, 24 de mayo de 2014
Derechos de autor reservados

  


  
 


sábado, 10 de mayo de 2014



EL VIAJES
Capítulo 2

Manuela y los suyos, estuvieron de acuerdo y regresaron a su Ciudad. Lo ocurrido los llenaba de inquietud, pero los conceptos de los médicos era que en Manuela, no había nada anormal. Que los sueños, era lo llamado  en Psiquiatría: “Un sueño premonitorio”  o “percepción extrasensorial”.

 Pero lo raro era, que nada ni nadie, diera cuenta del artista y la aparición casual, de  la rosa roja que llegaba a ella, no con regularidad, pero si, una que otra vez y de manera, casi siempre inesperada.

Así paso  un año. Una que otra vez, volvía a soñar con su “artista” con Arturo. Cuando lo recordaba, buscaba su cara en todo hombre que veía. 

Estaba enterada de todas las noticias sobre los diferentes pintores y técnicas, y entonces, le pareció que lo mejor era aprender ella también a pintar y empezó tomar clases en el Palacio de las Artes de su Ciudad. 

Tampoco allí, encontró algo sobre su pintor.

Un día, cualquiera al salir de clase, vio un cartel donde invitaban a la inauguración de la exposición que se llevaría a cabo allí mismo, con artistas premiados en diferentes bienales y  concursos. Entre ellos, estaban varios de la ciudad donde había estado en el crucero y en la lista, vio el nombre: “El Pintor - Arturo”. El gran Pintor Arturo, que expondría fuera de su Ciudad por primera vez el cuadro de “LA DESCONOCIDA” con el que había ganado ya varios premios, por su técnica y la expresión tan real de la modelo, pero que nunca, en los dos años de haberlo pintado, lo había expuesto en ninguna parte, salvo en el Palacio de las Artes de su Ciudad.  

Todos los bosquejos que llevaba en las manos cayeron al suelo y al agacharse a recogerlos, estaban con una rosa roja. Muy asustada cogió sus papeles y salió de allí.

No pudo manejar su coche, y le pidió a un compañero, que encontró que la llevara a casa.

Esa noche le comento a sus padres, a  su médico  y  amigos y trazo un plan curioso, gracioso y muy detectivesco y comenzaría a llevarlo a cabo el día siguiente. Estaba muy nerviosa pero muy decidida. 

Se levantó temprano, ya que no había dormido bien. En los pocos momentos, que pudo dormir, siempre venía a su mente el rostro, dulce del artista, envuelto en una nebulosa, que no se  lo dejaba apreciar bien. 

Se fue directamente a la sala de belleza. Se hizo un nuevo corte, se cambió el color del cabello. Doro su piel y por último, se colocó lentes de contacto de un color diferente al suyo. (Nadie la podía reconocer, nadie de nuevo, le diría que ella, era la modelo del cuadro)

Ese tarde, cuando llegó a clase, ninguno la conoció. Eso era lo que ella quería. Cuando llego a casa, todos se sorprendieron y rieron. Ellos también, contaron sus planes. Ya tenían las invitaciones (era para poca gente y muy exclusiva) para el cóctel gala,  sus vestido, sus cámaras fotográficas, camufladas,  (ya que no eran permitidas) sus libretitas muy elegantes y finas para la pedida de autógrafos, y la pregunta adecuada para la rueda de prensa abierta.

La exposición era en dos días. Sus amigos, su médico, y familiares, tampoco habían perdido el tiempo ese día. Se prepararon bien.  Manuela, no hacía parte de este plan. Se limitaría a ir, acompañada de un amigo y nada más. 

Estaría en todo, pero  no haría parte activa de nada. Bregaría a pasar desapercibida para todo el mundo.  (Eso creía ella).

Su vestido era precioso. De un suave tono azul plomo, que según la luz, cambiaba de uno al otro y le hacía juego con su cabellera roja y sus ojos, casi del mismo color del vestido, más su piel dorada. Iba a verse muy bien, pero no era la Manuela que todos conocían y menos, que guardara algún parecido con la modelo del cuadro.  
  
Llego el día, llego la hora y Manuela, que todo el día había estado con los nervios, en su máxima expresión, estaba reposada y hasta callada. Salió, con su amigo Andrés con el cual, hacía una linda pareja. Todos los demás, ya habían salido y seguro, ya todos estaban en sus puestos. (Para todos ellos, era una gran y maravillosa aventura, tomada muy en serio)

Cuando Manuela y Andrés llegaron, ya iba a comenzar la rueda de prensa, pero, algo la estaba demorando, el Maestro Arturo, estaba algo retrasado.  ¡Por fin llegó! Manuela, estaba fría y  sentía, que se desmallaba. Todos sus “investigadores” la miraron y comprendieron que era él. ¡Que era el del sueño de su amiga! Y las  preguntas de sus amigos comenzaron: ¿Quién es la modelo?  ¿Por qué la llama la desconocida?

Sus respuestas fueron gentilmente contestadas y ceñidas, relativamente,  a la verdad que ellos conocían. “La modelo  es una chica soñada por mí y por ello, la pinte y por ello, es desconocida” ¿Alguna vez la ha buscado o casualmente, se han cruzado y se ha dado cuenta que es su modelo soñada? “Si… Pero no la vi, ni ella me vio” ¿Si la viera, la reconocería?

 (Todas estas preguntas no fueron hechas, una seguida de la otra) Estaban tan bien preparados, que parecían Periodistas de verdad, aunque todo el mundo podía preguntar.  Era una entrevista abierta para los medios y el público en general.

La respuesta a esta última pregunta hecha, por uno de los conocidos de Manuela, dejó a todo el mundo callado y en silencio. Para luego, retumbar en el salón, el sonido de los aplausos, que todos los presentes le brindaban de pie.

La respuesta fue sencilla y adornada con una encantadora sonrisa: “Si la reconocería, pero no podría verla porque soy ciego” 

Con esta respuesta, ninguno otro pregunto nada y todo el mundo se organizó para pedirle un autógrafo o simplemente felicitarlo.

Manuela estaba clavada en su asiento y no hablaba, estaba igual de muda como en sus sueños. El medico amigo de la familia, estaba al pié de ella y la atendía. Por fin pudo pararse y de la mano de Andrés salió al jardín y allí, con la brisa, se repuso  del impacto tan grande que acababa de sufrir.

Alguien se arrimó a la pareja y les dijo: ¡No se queden sin el autógrafo! ¡Ese hombre es una maravilla! Manuela y Andrés se miraron y se dirigieron al salón, no podían ser ellos los únicos que no lo hicieran. Los demás, se habrían dado cuenta de ello  y se interpretaría mal. 

Ya estaba terminando, cuando Manuela llego al frente de él  y le dijo: Por favor Maestro, ¿Me firma su retrato y mi libreta? Él tomó, las dos cosas a la vez, como si pudiera ver perfectamente, hizo una pausa y escribió: Para Manuela, mi modelo, con amor. Lo mismo hizo con la pequeña y linda libreta y se la entrego. Pareció por un instante, que la miraba, le sonrió y le dijo gracias. Ella le contesto: A Ud. maestro.

Pero era que no había visto, lo que él había escrito.

Al retirarse, con su amigo Andrés,  lo leyó y se desmayó.  Cuando volvió en sí, estaba en los brazos de Arturo,  rodeada de todos los suyos y de todos los invitados. 

Eva

Sábado 10 de Mayo de 2014
Derechos de Autor Reservados                                                    

  

lunes, 5 de mayo de 2014

EL VIAJE (CUENTO DE FICCIÓN)




EL VIAJE

Capítulo 1

Manuela dormía. Su sueño era plácido y nunca se imaginó que lo que soñaba, se estaba convirtiendo en una realidad. Luego, con el tiempo, podría entender algo, de lo que esta noche mágica le iba a regalar.

Tenía la costumbre de  soñar despierta, y también, cuando dormía. Soñaba que la amaban. Que un hombre maravillo la esperaba ¿Donde?  No lo sabía. Pero esta noche lo iba descubrir. ¿Cómo? Ya lo verán. ¡De una manera maravillosa!

Manuela se quedó dormida y en su sueño, profundo. (El llamado Fase REMcomenzó su viaje.

Luego lo describiría de la siguiente manera: Estaba sola, abrió el ventanal de su habitación. En vez de ver el jardín, se vio a sí misma en una gran ciudad que no conocía. Llego a una plaza inmensa y se sentó en un banco al pie de una hermosa fuente moderna, que hacía parte de un edifico tan futurista  como ella  y con el cual, hacía un juego perfecto. La gente entraba y salí de allí. Era como un museo, o una biblioteca o un gran teatro. De pronto a su lado, paso alguien, un hombre joven apuesto, simpático que la saludó como si la hubiese conocido, en algún otro lugar o allí mismo. Se sentó  a su lado y comenzó a pintarla.

Pintura que le hacía, pintura que le entregaba, (eran bosquejos). Manuela no hablaba. Según ella, no le salía ninguna palabra de su boca aunque hacía esfuerzos para modular algún sonido. Pero no. Su esfuerzo era mucho, pero de su garganta no salía ningún sonido. El, si le hablaba. Ella, lo escuchaba.  Pero solo se limitaba a decirle que colocara su cara así o que la moviera para otro lado, pero nada más. (Solo instrucciones de un pintor para una modelo) Ella nunca había sido modelo, nunca había posado para un artista,  y no tenía ningún retrato de ella, ni de nadie de su casa, pintado con plumilla.

Despertó. No entendía nada. A la noche siguiente, el mismo sueño. La escena se repitió. Pero algo distinto pasó. Él, le tomo  la mano, la levanto y la invito a dar un paseo. Ella, como la primera vez, no podía hablar. Pero se levantó y camino con él.

Esta vez, como la primera, despertó sobresaltada, pero vio que en su mesita, había una rosa roja, igual a la que él le dio, en el parque.

Muy asustada, sudorosa se asomó a su ventana y vio el mismo panorama de siempre su jardín, su bosque.

Así pasaron varios días, y el sueño se había vuelto recurrente, siempre con pequeñas variaciones.  En general, se podía decir, que igual. En el mismo lugar,  la misma hora y la total mudes de ella.  

Estaba tan asustada que buscó ayuda profesional. Se sometió a todos los exámenes que el Médico dijo. Pero siempre pasaba lo mismo.

En uno de esos sueños, o viajes, él le mostró su retrato ya terminado y le dio un beso. Y como siempre, Manuela despertó sobresaltada, nerviosa. Ya dormía acompañada, con luces prendidas, ventana cerrada, y con el remedio que le habían  formulado.

Esa noche no pudo dormir más. Así llego la mañana.  Ese día estuvo relativamente tranquila y esa noche durmió bien.

No volvió a soñar con ese episodio de su vida. Lo recordaba, buscaba, en todas partes, una foto que le mostrara la fuente, el edificio, la plaza. Fue a los museos de su ciudad, conoció a la mayoría de los pintores que pintaban con plumilla, carboncillo o lápiz. Pero no había ninguno, ni medianamente parecido.

Así paso el tiempo, una que otra noche, volvía en sueños, a ese mismo lugar, pero ya no encontraba al pintor y como cosa curiosa, una que otra vez, encontraba una rosa roja en cualquier parte de su casa, de su oficina, o en la calle o también, alguien se la regalaba, sin ningún motivo.

Luego de un largo tiempo, salió de viaje con su familia.  Era un crucero. Y llegaron a una ciudad,  costera, famosa por su casco antiguo y también por la parte moderna y su cultura artística. Allí pasarían cinco días y podían ir a dormir al barco o a un  hotel.

Se fueron a un hotel. Muy elegante. (Cinco estrella) Al día, siguiente, sus padres y compañeros de viaje, salieron temprano y Manuela se quedó hasta tarde durmiendo. Luego, bajo al comedor, allí, noto algo raro que le llamó la atención. La gente la miraba.

 Luego de desayunar, se fue  a ver las tiendas que dentro de las instalaciones del hotel había.

Se dio cuenta que había una galería de arte y que el día anterior se había abierto una exposición de retratos, pintados en carboncillo, lápiz y plumilla.  Esto le llamó mucho la atención pues recordó su sueño y vio el horario en que se abría al público. No quería perdérsela.

Siguió el recorrido por las tiendas, entro a una a comprar algo que le llamó la atención, un vestido muy bonito y que como cosa rara, le recordaba, también, el vestido que en su sueño llevaba. (Recordemos que este sueño fue recurrente en ella) por lo cual, los recuerdos eran muy claros.

Se compró el vestido y subió a su habitación. Se vistió con él y se preparó, para estar lista e ir, a la exposición.

Sus familiares y compañeros de viaje, llegaron.

Bajaron todos al  jardín para cambiar, ideas, ver las fotos y planear, lo que harían en la tarde. Pero volvió a ocurrir lo mismo que en la mañana, cuando estaba en el comedor. Había gente que la miraba con curiosidad. Le llamó la atención, pero le restó importancia.

A las tres de la tarde entro a la galería: llevaba en sus manos, la guía con el nombre de cada retrato y el nombre del pintor. Ninguno era conocido por ella.

Paso al primer salón, luego al segundo y por último el de los galardonados y más famosos.

Allí, en esa sala la gente la miraba y susurraban entre sí. Esto, para Manuela, fue incomodo, ya que no sabía el por qué lo hacían y pensaba en su vestido, en su peinado, se sentía incomoda, insegura.  Hasta que un chico le preguntó: ¿Es Ud.  la modelo del pintor ganador?   No supo que contestar y más, que todos la miraron al tiempo. El chico la tomo de la mano y la llevo a la esquina del salón que daba, precisamente, al pie de un gran ventanal desde donde se veía un jardín de rosas.

Todos los habían seguido. Estaban ahí, con ella y ella, estaba pálida. No decía palabra. Solo miraba, era el retrato que en sueños, ella vio que un joven sentado a su lado, le hizo.

No dijo nada. ¡No podía hablar! Salió de allí y busca a sus padres y a sus amigos de viaje y les contó lo sucedido. Todos bajaron y entraron a la Sala de Exposición, a verlo. Quedaron sorprendidos. Ellos tampoco lo entendían. Decidieron indagar. Pero poco o nada consiguieron. Nadie lo conocía. En la guía solo decía: Roberto. Nada más. Y ganador de esta bienal de pintura.

Fueron a la oficina, hablaron con el Gerente, el Administrador y ellos, los enviaron al Palacio de Arte, allí debían saber algo, ya que  la exposición era de estudiantes de allí. Y allá se fueron. Pero para Manuela no había terminado las sorpresas. Era el edificio que ella conocía bien en sueños, vio la fuente, vio el parque, y hasta vio el banco donde estuvo sentada los días que duró la pintura. (Que duro, como modelo, en sueños) Vio las rosas, las alamedas por donde camino en compañía del joven desconocido. ¡Estaba aterrada!

Entraron todos: Ella, sus padres y  cinco compañeros de viaje. Preguntaron aquí, allí y solo le decían que se llamaba Roberto  y que no era estudiante, que se había inscrito a última hora y que era el ganador de una fortuna por su técnica y por la perfección de la expresión que había captado en su modelo. Pero luego, se quedaban mirando a Manuela y le decían: ¿Es Ud. la modelo? Ella solo decía: No… No… Es la primera vez que estoy en esta Ciudad y no conozco a nadie. Pero me gustaría conocer al artista y también a la modelo que se parece tanto a mí.

Los  empleados y artistas, del Palacio de  las Artes, fueron rodeándola y solo decían: ¡Imposible! No existen dos personas que sean exactas. Tiene que ser Ud.

Estaba aterrada y salió de allí, corriendo. Llego al Hotel y se comunicó con su  médico. Le contó todo y el tampoco entendía nada. "Viajo mañana, llego a tiempo, antes que el barco zarpe"  

Mientras tanto, todos se convirtieron en detectives. Indagaban aquí, allí y nada encontraban.

El premio se entregaría al termino de ocho días, después, de inaugurada la Exposición y solo, iban tres días y el crucero zarpaba en tres días. No había manera de conocer al pintor desconocido, llamado Roberto.

Por fin, llego el médico, lo pusieron al tanto de todo y también, al tanto de todo, estaba los pasajero y la tripulación del crucero. Felices de una aventura no esperada ni planeada, todos decían que había que esperar, a la entrega de los premios, otros, se convirtieron en detectives privados y todos abandonaron el barco y fueron a hospedarse al hotel. Ninguno quería perderse nada. Manuela, parecía una reina, con su corte detrás.

La pobre chica y sus padres, estaban asustados, perplejos. El médico no encontraba nada raro, pero tampoco natural. Y las preguntas eran muchas. Pero no había respuesta. Además, en el comedor, o en el bar, o en su habitación, encontraba  una rosa roja y decidieron regresar y dejar el  crucero y no esperar más.
Eva  

Lunes, 5 de mayo de 2014
Derechos de Autor Reservados