Buhardilla

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martes, 7 de mayo de 2013

UNA AVENTURA CASUAL IV





CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES.






Cuarto Capítulo IV


Las cinco de la mañana. Iván nos dio un suculento desayuno y luego comenzaron las instrucciones. Nuestros radios estaban en la misma frecuencia de SZ1, él estaba en la ciudad fronteriza de Kero.

La entrega sería a media noche de un  día, que solo nos comunicarían el día anterior.

 Un día que no hubiese luna y menos llena. 

 Esto, nos cubriría un poco más, pero teníamos que tener cuidado, ya que toda la frontera estaba muy bien vigilada por altas torres con grandes reflectores y vigías muy bien armados, además, existía una barrera de zanjas profundas y en la mitad de ellas, la alambrada, la cual, teníamos que cortar. La información e instrucciones que faltaban,  nos la darían en Paris, a Kan Jai o a mí.

Dejamos a Iván y cuando ya estábamos solos, comenzamos a hablar sobre esto. ¿En que nos estábamos involucrando?  ¿Con quién nos estaban  confundiendo? ¿Debíamos seguir adelante o salir corriendo?  ¿Era bueno o malo para nuestro  periódico, que solo buscaba la exclusiva de una noticia de carácter histórico y científico y que nosotros, dejaríamos  tirada  al salir detrás de algo desconocido?

¿Esto era bueno para nuestra carrera, para nuestro futuro? Nos quedamos callados a todos los interrogantes que nos planteábamos. A todas nuestras dudas,  a todas nuestras indecisiones.

No separamos y ese día cada cual, a solas, trabajamos y ni siquiera al almuerzo estuvimos juntos.  Huíamos el uno de del otro, no queríamos confrontar nuestros pensamientos, ni nuestras decisiones. 

Por la noche, ya más serenos, tranquilos y también cansados, decidimos que haríamos las dos cosas. Kan iría a Paris. Yo, me quedaría en el campamento y cubriría todo el trabajo de los dos. Teníamos que aceptar lo que el destino nos había colocado en las manos.

Kan empaco pocas cosas. Salió para  arreglar todo lo del viaje y al amanecer marcho a una nueva y desconocida  aventura que nos involucraría a los dos.

(Después, cuando ya todo terminara, yo conocería  lo vivido por mi amigo y compañero en Paris).

 Pasaron los días. Nada sabía de Kan. ¿Por qué no nos podíamos comunicar? ¿Qué estaba pasando? Varia veces estuve en el bazar al pie de la radio y hablando con Iván. El, como yo, estába sorprendido. Era un silencio absoluto. ¿Esto, era buena señal o mala?

Los días pasaban,  seguidos de sus noches. Pasó una semana, dos y al terminar la tercera, ¡llego por fin Kan!  Nada dijo… En su cara había un gesto de preocupación y al mirarme o al abrazarme, me daba la impresión de que quería protegerme de algo, de alguien…

Y llegó el día. En compañía de Iván y de su compañera, una mujer callada, hermosa, con un dejo de tristeza al hablar y unos grandes pero inexpresivos ojos negros, que adornaban su piel de una pálida blancura. No era de esas tierras, era, como nosotros, una extrajera.

¿Quién en realidad, era ella? A Iván se le notaba la admiración y el respeto que esa mujer le inspiraba. Cada vez, yo estaba más intrigada y al mismo tiempo, más decidida a llevar a cabo esta misión, de la cual, no sabía  en ese momento, menos que nada.

Partimos en una caravana pequeña de camperos del desierto y guiados por los hombres de la misma tribu, que nos había acompañado en todo el recorrido desde   Kushanh “Ciudad Perdida”  hasta las excavaciones. 

Cruzamos  el desierto en dirección norte. En la noche, acampamos en un pequeño oasis protegido de los vientos helados del desierto.

 Esa noche, fui enterada de muchas cosas: A donde nos dirigíamos, que íbamos hacer y como lo íbamos hacer. Hasta cierto punto, no corríamos un gran peligro.

 Yo,  que creía que nos habían confundido, lo mismo que Kan (  ya les había contado). Pero no. Sabían muy bien quienes éramos y fuimos escogidos. No por equivocación, sino, por ser nosotros. 

Eva


Martes, 7 de mayo de 2013


(Continuará... El Quinto y último  capítulo, vendrá pronto.) (07-05-13)


Derechos de Autor Reservados 







   

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