Buhardilla

Buhardilla

sábado, 20 de julio de 2013

RECUERDO DE UNA AMIGA





RECUERDO DE UNA AMIGA

Llego el verano, y con él,  el anhelado viaje que nos llevaría  a este grupo de chicas por  por las distintas rutas de castillos, torreones y  fortalezas de Europa. Primera escala: España.

Luego, llegaríamos a Viena, al gran baile de la Opera, donde sería la celebración de nuestros diez y ocho años. Para continuar el recorrido por otros países, y otras rutas, de castillos y museos.

Un viaje en pleno siglo XX. Para adentrarnos en  los primeros siglos de la historia. Sus tiranías, sus grandes injusticias, y también, los grandes héroes de los distintos pueblos, sometidos por la desigualdad social. Además, de conocer la evolución de sus  democracias.

Era un lindo regalo, que  se nos daba. Al dejar nuestra niñez y al convertimos en adultas. En mujeres.

 ¡El regalo de los diez ocho años!

¡Este viaje era un sueño!…Pero como sueño que era, se  podía convertir en pesadilla. Y así fue.

De las veinte chicas que viajaríamos, unas con nuestros padres, y otras, con sus nanas, y todas, bajo la dirección de las profesoras de nuestro colegio. Al final, solo quedo un grupo de diez. Y ahora que lo pienso, (casualidad) solo quedaron incluidas en el, las que viajaban con sus nanas o solas. Las otras, por un motivo o por otro, no pudimos viajar.

Y llegó el día. Todas fuimos al aeropuerto a despedir a nuestras compañeras. Todas hacíamos recomendaciones. Largas listas de compras. Cartas para entregar a amigos o familiares, quedándonos con una gran nostalgia, tristeza y rabia. Todas habíamos planeado este viaje y solo unas, lo realizarían. Las otras, tendríamos que esperar. No quedaba de otra.

El avión partió y nosotras cabizbajas y rabiosas nos volvimos a casa.

En cada escala que el avión hacía, nuestras compañeras, sin olvidarnos, se  las arreglaban para comunicarse con alguna de nosotras y así todos los días, nos reuníamos para saber de ellas, sus aventuras y también sus tropiezos.

Llegaron a España… ¡Madrid!… Un lindo Hotel, las esperaba, en la vía Real. El lujo y comodidad de cada habitación, tenía deslumbrada a aquellas chiquillas que, comenzaban a vivir y a conocer otro mundo diferente al suyo.

Este primer día fue de descanso. Al día siguiente invadieron a  Madrid, con su alegría. Querían ir a todas partes, a las grandes tiendas, a los museos, a las exposiciones…A todo…

Así pasaron esos primeros días… Ya era la hora  de que comenzara el recorrido turístico e histórico  que  se tenía planeado:

Tomaron “La Ruta de la comunidad de Madrid”: Este  las llevaría a recorrer todos los castillos de esta Ruta. ¡Es única!  ¡Es urbana! Que las llevaría a recorrer Madrid y varios municipios cercanos de la Sierra de Guadarrama que hacen parte de ella.

Tomaron sus morrales y salieron con sus guías, dispuestas a conocer la historia de un país hermoso.

Lo primero que conocieron fue el maravilloso camino histórico que conduce hasta el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que es el núcleo de esta ruta donde se  encuentran edificios, obras de ingeniería y jardines de gran valor histórico-artístico. En la primera localidad  se destacan, además del Real Monasterio, las Casas de Oficios y la Casita del Infante (o de Arriba) y, en la segunda, la Casita del Príncipe.(la de abajo).

El primer tramo, el de ida. Parte desde la ciudad de Madrid hasta Torrelodones, Collado Villalba y Guadarrama. Desde aquí se accede a San Lorenzo de El Escorial y El Escorial, que conforman el foco principal. El tercer trecho, el de vuelta, recorre Robledo de Chavela, allí, se encuentra La Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Frenedillas de la Oliva, Navalagamella y Valdemorillo, desde donde se regresa a la capital.

También En la Ruta Imperial se encuentran La Atalaya de Torrelodones que se construyó en el siglo IX  en el período omeya de Al-Ándalus. Es la siguiente edificación en antigüedad. Esta  es la atalaya musulmana mejor conservada. Surgió como una torre destinada a vigilar las posibles incursiones cristianas. Situada en lo alto de un cerro granítico, (Su altura es de once metros o algo más, por encontrarse en un cerro, muy empinado).  al borde de una gran  autopista (Autovía del Noroeste). En localidad de Hoyo de Manzanares. Muy cerca de esta, se encuentran las ruinas de otra atalaya islámica, La Torrecilla.

 En la Ruta Imperial se les suman varias construcciones de siglos y estilos diferentes. Las corrientes arquitectónicas mejor representadas son el gótico tardío, presente en la iglesia mayor de Robledo de Chavela, y el neoclasicismo, que se concentra preferentemente en el Real Sitio.

 En la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama. Entre las construcciones premedievales, se destaca la Silla de Felipe II, en San Lorenzo de El Escorial, tal vez la huella humana más antigua de la Ruta Imperial. Según la tradición, fue mandada a labrar sobre una roca natural por el monarca, que la utilizaba como observatorio de las obras del Monasterio. Sin embargo, recientes investigaciones apuntan a que puede tratarse de un altar vetón.

A esta oferta artística se le añaden dos monumentos del siglo XX, sin un estilo definido: El Valle de los Caídos y el Palacio del Canto del Pico.

Bueno, no hablemos más de la ruta Imperial. Pero no olvidemos esta Atalaya Torrelodones que es y será, parte central de nuestra narración. De nuestra historia, (real como todas las que les cuento).

Así, este grupo de chicas latinoamericanas, recorrían el mundo descubriendo su parte histórica, sus bellezas naturales y su gran avance, en esta época moderna.

Todas felices. Pero había una, linda, simpática, amable. Con todas las cualidades que quieras, regalarle. Que no era feliz. Se le veía triste, pensativa, rara, pero solo a ratos y esto, hacía que poca atención les dieran las demás. Decían: “Esta de mal genio” “Esta cansada” llamaron un médico. Le mando, simplemente, unas gotitas para que estuviese tranquila.

Así se terminó el viaje por España.

 Siguieron, a Austria. En Viena. Fue algo de ensueño. Cada una realizo su gran sueño.

Fueron alojadas en un pequeño palacio, (el palacio de la Infanta) que compartieron con niñas de otras nacionalidades y también, de Viena. Los edecanes serían hijos y nietos de los miembros de la antigua  guardia real y la mejor casa de modas se encargaría de los vestidos de ellas y profesoras.

¡LLEGO LA GRAN NOCHE! Cada niña era llamada por su nombre. Y de la mano de su edecán entraba por la gran alfombra roja, hasta el centro de la pista donde eran saludadas por las autoridades de la Ciudad.   Cada una, se sentía princesa de un cuento de hadas. Pero había una que estaba, triste, ausente… Aunque esa noche, su belleza era radiante. ¡Era Angélica!

Como todo sueño… Termino…

En los próximos días, conocieron todas las maravillas de esta linda ciudad. Luego, salieron rumbo a Italia, pasaron a Alemania y llegaron a Francia. ¡Paris! ¡La Ciudad Luz! Y fueron felices…Comprando…Comprando. Visitando museos, visitando palacios, caminando por los Jardines Reales, visitando la torre Eiffel,  navegando por el Sena y soñando…

Luego, unos días de descanso en los viñedos del Norte y de regreso a España.

Y otras rutas de castillos e historias. Más compras y preparar el regreso. 

Pero el destino las llevaría de nuevo  a la atalaya de Torrelodones y a la pequeña:  La Torrecilla.

Todas se empeñaron en volver allí. Según ellas, les faltaban fotos que eran importantes para sus distintos trabajos de grado.

Y ALLÍ VOLVIERO…Se repartieron. A las ruinas  de La Torrecilla, se  fueron unas, y a la Atalaya,  de Torrelodones, las  otras.

Angélica, la niña triste, estaba en el grupo. Ninguna se separaba de sus compañeras. Siempre andaban de cinco en cinco, eran diez. (Dos grupos). Cada grupo tenía una profesora que era la responsable de él y  las nanas, que quisieran ir. Siempre, las cinco chicas de cada grupo, estaban acompañadas, además, de un guía.

Tomaron las fotos, corrieron en los pasillos, rieron, subieron, bajaron y luego, como chiquillas que eran, se fueron a tender en la hierba del campo que rodea las atalayas. Saludaban a los coches que pasaban por la autopista A-6 y reían despreocupadas.

Mariana, otra chica del grupo, comenzó a llamar a Angélica. La buscaba y a todos le preguntaba, qué en que grupo estaba ella. Nadie lo recordaba. Llegaron las que estaban en las ruinas de La Torrecilla y tampoco estaba con ellas. Mariana seguí buscando a su amiga. Ya preocupada y asustada, comunicó a su profesora y a los guías. La comenzaron a buscar:

 Las profesoras, los guías,  lo mismo, una o dos de las nanas, que  se encontraban en el grupo, fueron de nuevo a las atalayas. Los guías no la encontraron. Llamaron a las autoridades de la cercana  localidad de Hoyo de Manzanares. Pero nada… no la encontraron.

Pasando las horas, la larga tarde de verano se terminaba y con ella, llegaron las autoridades de Madrid.  Las niñas fueron devueltas al hotel. (Era más seguro para todas) la búsqueda se prolongó todo ese amanecer.

Los lugareños, que siempre estuvieron dispuestos, encontraron el cuerpo sin vida de Angélica entre los jardines y arboleda que rodea la Atalaya de Torrelodones.

 De allí, después de toda los trámites legales, su cuerpo,  fue llevado a Madrid.

Esta chica, que era una de las pocas que viajaba sola, fue siempre, en todo el viaje, rodeada del afecto y cariño de todas sus compañeras, profesoras nanas de las demás chicas.

Y ahora, estaban a su lado. Era tanto el impacto. Que nada decían. No lloraban. Nada comentaban.

Las autoridades, la Embajada, profesoras, y las nanas, decidieron  avisar a la familia de Angélica para que viajaran y decidieran lo que se iba hacer con el cuerpo.

Las chicas, profesoras y nanas, fueron alojadas en la  Embajada… Todos estaban pendientes de la familia de Angélica. Y para todos,  fue una desagradable sorpresa, la indiferencia, la frialdad de sus allegados. En los días siguientes; padres de las otras chicas llegaron para estar con sus hijas. La familia de Angélica nunca llegó.

El tiempo pasaba. La situación era confusa. Entonces, se tomó la decisión de sepultar a Angélica  en el cementerio de  Almudena, en el lugar clasificado para los suicidas. (Todavía no se había prohibido esta discriminación) Todo el grupo  asistió. (Los miembros de la Embajada, como los padres de las otras chicas corrieron con todos los gastos). El personal del hotel, las autoridades de Madrid, y todos los lugareños y vecinos, de la atalaya de  Torrelodones. No la abandonaron.  El vació por la  falta de la familia de Angélica, no se notó.

Así, rodeada de flores, en un lindo y caloroso día de un  verano español, se sepultó el cuerpo de una amiga, que no quiso volver a su país. Que sola, realizó su sueño y sola, afronto la muerte.

Todas las chicas regresaron. Todas quisieron acercarse a la familia de su compañera, pero, siempre la puerta les fue cerrada y jamás recibidas.

Han pasado los años. La historia de Angélica, sigue en el recuerdo de todas. Y nuestras vidas se dividió en dos (Antes de, después de).

Los motivos de esta tragedia nadie las supo, ni lo  sabrán. Pero siempre ella, estará en nuestro recuerdo. En el recuerdo de todos sus amigas y amigos y cuando alguno viaja a España, busca el lugar donde fue sepultada, aunque no esté allí,  ya que con el tiempo, se exhumó su cadáver y fue incinerado. Sus cenizas, se lanzaron al viento desde la Atalaya del  Torrelodones. Punto obligado, de todos nosotros, sus compañeros.
 
Hasta acá, esta historia que nos pertenece a todos. Los que estuvieron con ella hasta último momento  y de quienes la  vimos partir feliz. 

Eva

Domingo 21 de Julio de 2013

Derecho de Autor Reservados

jueves, 27 de junio de 2013

UN VIAJE AL PASADO (Relato de una Historia Real)



Relato de una Historia Real





UN VIAJE AL PASADO

En los últimos días del  siglo XIX y principios del siglo XX.  Estaban de regreso a su pueblo, en Antioquia la Grande,  uno de los primeros batallones de soldados dados de baja en la guerra de los mil días. Entre ellos, dos amigos y compañeros, no solo en el ejercitó, sino, también, en la escuela. Ya que desde niños, todo lo habían compartido. Sus familias, sus estudios, amigos y juegos.

Pero para Juan, había una desagradable sorpresa. Sus padres habían muerto y sus hermanos se habían  ido del pueblo. Nadie le había avisado de ello y la angustia y la soledad se apoderaron de él. 

Su amigo Antonio, lo consolaba, le ayudaba a llevar esa terrible realidad. Pero el no salía de su tristeza. De sus recuerdos.

Para Antonio, era distinto: Llego a su casa, y todo estaba en orden. Sus padres, sus hermanos, amigos y la novia, más amorosa y linda  que nunca.

Así pasaron los días las semanas y también, los años.

Juan y Antonio no se volvieron a ver,  ya que Juan, sin decir a nadie nada, se fue, desapareció y nadie sabía de su suerte. 

 Antonio, por el contrario, se entregó completamente al trabajo del campo en la finca de sus padres y se casó, con su novia de toda la vida, María Lucía. Era un lindo matrimonio. Dos hijos que adoraban y en ellos, tenían puesta toda la ilusión de padres jóvenes y felices. 

Después de unos años, Antonio y María Lucía, dejaron la finca y se fueron a vivir al pueblo. A una bella casa. Grande, llena de luz de jardines, de fuentes sonoras, sus chicos entraron a la Escuela de las Monjas, Y las familias, tanto del uno, como del otro, fueron tomando su camino, hasta llegar a quedar solos en el pueblo.

Pero eran felices se amaban… Allí, toda la familia llegaba de diferentes pueblos cercanos o lejanos y pasaban junto a ellos, las navidades y las fechas familiares. El resto del año, lo pasaban solos.

Antonio no volvió a saber nada de Juan. Nadie sabía de él.

Pero un día cualquiera, sonó el eslabón de la gran puerta de la casa de Antonio y María Lucía. Era Juan… La sorpresa y la felicidad de Antonio, fueron muy grandes.  La llegada de su amigo, lo llenó de gozo y entre abrazos  y  recuerdos le dio una calurosa bienvenida.

(Pero lo que no se imaginaba  Antonio, era el dolor que le traería  a  su vida ese amigo, que era su hermano).

Su casa, se volvió la casa, el hogar de Juan. Sus hijos, lo miraron, desde que llegó, como un tío más y María Lucía, como un hermano, un cuñado. Al fin y al cabo, lo conocía desde niña.

Fue instalado en una linda y gran alcoba que daba al patio principal, quedando completamente independiente y separado de la familia y también del servicio.

Solo en las noches, en los ratos de tertulia, en el gran salón, al calor de una taza de café o chocolate, se reunían a jugar cartas, hacer las tareas con los niños o a cantar, acompañados con las guitarras, canciones que les traían recuerdos a todos.

Así, pasaron los años. Ellos, encargados cada cual, de sus negocios personales. Los niños creciendo y estudiando y María Lucía, entregada a las labores del hogar y a las obras de caridad de la parroquia, del Padre Pedro.  

Todo era normal. Los encuentros familiares, los paseos al rio, la ida a la finca, la tomada del café en las tardes de bordado con las amigas, el rosario de la noche y las tertulias familiares.

Un día cualquiera, en la mañana. Llego, de improviso Juan a la casa. 

María Lucía estaba en la cocina con la negra Toña  y Rosita. Preparaban el almuerzo, organizaban el oficio que faltaba en casa, cuando se dieron cuenta de la presencia de Juan.

Les extraño y le preguntaron que le pasaba, si se sentía bien, a lo cual el contesto que sí, que todo estaba bien. Le invitaron a una tacita de café y luego él se fue a su habitación.

Ellas siguieron en sus qué haceres

María Lucía, salió del cuarto de lavado y  aplanchado, en compañía de Rosita, llevando en sus manos la ropa  blanca, (Ropa  de cama, manteles y demás),  para guardar. Rosita se devolvió, se le había quedado algo. María Lucía, comenzó a guardar la ropa,  en el armario de la pieza de costura. Estando en esto, de espaldas a la puerta de entrada, no se dio cuenta que Juan llegaba y sin mediar palabra y por la espalda le disparo. María Lucía agonizando, cayó al suelo y el volvió a dispararle.

Rosita que en ese momento llegaba y vio todo, salió corriendo y gritando. ¡La mato, la mato! Toña, que escucho los gritos, de Rosita y los disparos,  salió corriendo de la cocina  y llegó hasta la pieza, donde vio a su ama en el suelo y a Juan parado al lado del cadáver.

En ese instante sonó otro disparo, y Juan cayó al suelo, con un disparo mortal en su sien derecha.

Toña corría, Rosita también. Gritaban histéricas, dando vueltas, Hasta que por fin, salieron a la calle y fueron escuchadas.

Todo el mundo entró, no entendían nada. Unos fueron por el Alcalde. Otros por el Padre Pedro y los demás, fueron a buscar a Antonio.

Las vecinas, gritaban a la par de Toña y Rosita y el perro latía al pie de la puerta de la pieza de bordado sin dejar entrar a nadie. Él también, estaba histérico…

Antonio llegó corriendo acompañado por los hombres que fueron a buscarlo… Entro, a la pieza y cayo de rodillas ante el cadáver de su esposa.

(Nadie miraba el cadáver de Juan, que muy cerca estaba de la entrada y todavía, sostenía el arma en su mano derecha, mientras su cara, era una mancha roja, por la sangre que manaba de su herida).

Los niños… Todos hablaban de los niños. Pero no hacían nada. No sabían, si ir por ellos al Escuela de las Hermanas o dejarlos allí, hasta que ellos llegaran.  El Padre Pedro, tomo las riendas de la situación y mando la razón, con su secretario, a la Madre Priora. Debían, dejar a los niños allí, que no se dieran cuenta de nada, por lo menos, en esos momentos.

Así se hizo… Las Monjitas protegieron a los dos niños, que no sabían ni entendían nada y para ellos, la novedad de estar en el Colegio todo el día, y dormir allí, les preció genial.

Mientras tanto en su casa, seguía la tragedia:

Antonio como un loco, que nada entendía. Lloraba y abrazaba a su esposa… Luego calmado y en silencio, la tomo en sus brazos, la llevo a la alcoba, donde la tendió sobre la imponente cama nupcial y ya,  solo con ella, la seguía abrazando y llorando en silencio. Nada más.

Toda la gente, miraba desde fuera. Nadie decía nada. El silencio era total. Y esa mañana de luz, se fue oscureciendo, hasta convertirse en la más oscura tormenta vista, hasta ese momento, en el pueblo.  

El Alcalde, el Padre Pedro, Las Monjitas, eran las únicas personas, que ponían orden en ese caos. La negra Toña y Rosita, tampoco estaban anímicamente, preparadas, para hacer frente a todo ello y en un rincón con el perro a sus pies, lloraban y a veces, gemían, simplemente, gemían.  Ya no gritaban, no hablaban y sus miradas estaban perdidas en el vació, mientras el perro, aullaba como un animal herido.  
                     
Los días siguientes fueron mortales para Antonio. Su familia lo mismo que la familia de María Lucía, llegaron al pueblo para acompañarlo.

Los niños con las Monjas. La familia repartida, en casa de amigos. Y Antonio… Solo… Totalmente solo en su casa…

Todo lo que tenía que ver con las investigaciones del caso, las exequias de Juan y María Lucía se fueron desarrollando a su debido tiempo y el pueblo comenzó a normalizarse.

Los niños volvieron a ver a su padre una sola vez y nada más. Preguntaban por su mamá. Preguntaron a su padre por ella y también, a todo el mundo. Pero nadie  contestaba...
 
¡Una vez, solo una vez, vieron a su padre y jamás lo volvieron a ver en su vida!

Ellos se fueron del pueblo con sus tías, sin haber vuelto nunca más a su casa, sin sus juguetes, sin sus cosas, sin nada… La vida de esos niños quedo dividida en dos… Hasta el tres de abril de un año que no olvidaron y luego…Del tres de abril…Donde todo lo perdieron, quedando con sus manitas vacías… Nada…les quedaba… Nada…

¿Su padre? Se fue en su caballo negro, muy despacito  en compañía, de Campeón, su perro.

Dicen, los  que lo vieron, que se perdió en el monte. Otros, aseguran que llegó a la vieja finca y allí se encerró. Otros, que se despeñó, en el cañón de las brujas. Pero la verdad, es que jamás se volvió a saber de él.

Se cree que la versión, más lógica es la segunda. Ya que la negra Toña y Rosita, vivían allí, (en la finca) solas con el perro. A Campeón, se le veía, a veces.

Han pasado cien años, justo, cien años, y esta historia sigue siendo un misterio totalmente impenetrable, para los descendientes de Antonio y María Lucia.

Pero para mí hubo  un desenlace. Tal vez no, un desenlace. Pero si la respuesta a muchas preguntas, que yo me hacía, (No, a todas mis preguntas).

Un bisnieto, de ellos. Mi amigo, un día cualquiera cogió su morral, y  sus cámaras y  se fue a conocer su pueblo. Según su relato, era tal cual su abuela se lo describía. Blanco, lleno de jardines, donde la modernidad, había llevado confort, más había respetado su entorno y se convivía en medio del pasado y el presente, en armonía.

Busco a los contadores de historias: Personas que a la sombra de los árboles, en el parque principal de un pueblo, le cuentan a aquellos que le preguntan, todo lo ocurrido en él, en el transcurso de los últimos siglos,  los últimos días, o las últimas horas.

Y le contó con lujo de detalles todo lo ocurrido. Además, lo llevó hasta la casa, le mostró que continuaba cerrada y que nadie tenía la llave. Que la llave se la había llevado Don Antonio y con su muerte, se había perdido. 

Mi amigo, no pudo hacer nada en este viaje. Pero se propuso conseguir los papeles para probar que su abuela, su mamá y el, eran los legítimos herederos de esta vieja y ruinosa casa. Esto, con el fin de conseguir el permiso para forzar la puerta. Y Así lo hizo.

En su segundo viaje, en compañía de su Abogado.  Hablo con el Alcalde, le presento todos los papeles y con todas las autorizaciones, forzó la gran puerta  y  entro a su propiedad. “Comenzó su viaje al pasado”.

Una capa de polvo, que ya era tierra, lo cubría todo. Las paredes estaban manchadas por el agua, que en los días de lluvia, caía por ellas. El olor era penetrante, la oscuridad, aun estando de día, era grande. Era la imagen total de la decadencia. De la  tristeza. Del dolor.  

Y mi amigo, se sentía igual. Su corazón latía aceleradamente. La ansiedad y la angustia ante lo desconocido…Ante lo que podía descubrir…Ante lo que podía encontrar y saber de sus antepasados, lo hacía sentir así…

No quiso que nadie lo acompañara y comenzó su recorrido: Los jardines destruidos, la cocina, aún con las ollas en el fogón. Las puertas de las habitaciones, cerradas, pero la pieza, de costura, estaba abierta, el polvo todo lo cubría. En  el armario se veía,  aún la ropa, otrora, blanca completamente amarilla y rota, por la acción de los roedores que eran los dueños y corrían por todo lado. En el piso, con una capa de centímetros y centímetros de polvo, se alcanzaba a ver una parte oscura, negra. Una mancha que delataba que allí, era el piso  distinto.

Allí, tuvo la certeza, que todo era igual a aquel aciago día. ¡Estaba aterrado! Descubría un pasado que jamás se había imaginado conocería. Aunque, conocía la historia. Esto no se le había pasado nunca por su mente… Nunca. Ni siquiera, cuando estaba consiguiendo los papeles que le permitirían entrar al pasado.

Respiro, para que el corazón latiera, un poco más despacio y siguió el recorrido. Llego a la alcoba de los niños, como toda la casa, con mucho polvo. Pero se respiraba, tranquilidad, en medio de la mugre y la oscuridad.
Se devolvió, tenía que descansar. Salió y se sentó en la puerta de la gran casa, mientras el sol y el viento de la calle, entraban por ella y refrescaba, un ambiente de cien años de tristeza.

Cuando se repuso, volvió a entrar… Y recodo que la alcoba  de Juan era por allí, (Patio principal) La busco, la encontró y entro en ella. Estaba llena de polvo como todo y en el  escritorio encontró muchas cartas, roídas por los ratones, manchadas, por el agua y la tierra. Todo lo demás, estaba bien, aunque, encima de la cama estaba abierto todavía, el estuche de una pistola. Nada toco. 

Salió de allí, y se fue directamente a la gran alcoba de sus bisabuelos.

Era la más triste de todas. En la cama se veía manchas oscuras, que en otro momento, fuese sangre roja. ¡Señal de vida! Un vestido blanco, que ya había perdido su color, también manchado, y muy bien puesto. En el piso, y en el escritorio, de los bisabuelos, había muchas cartas, arrugadas, roídas por los roedores, manchadas por las cucarachas y por el agua, que las goteras del techo, dejaban caer sobre ellas, como si fueran lágrimas. No toco nada. Intuyo muchas cosas y salió corriendo. 

¿Qué le podía decir a la abuela y a su mamá?

La continuación de esta historia, es otra historia distinta y familiar. Que solo con la autorización de mi amigo, puedo narrarla.

Eva 


    Jueves, 27 de junio de 2013.

Derechos de Autor Reservados
                        
         
          
        



domingo, 12 de mayo de 2013

UNA AVENTURA CASUAL, V " EL FINAL"

   


CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES.



UNA AVENTURA CASUAL 

Quinto Capítulo V

EL FINAL 

Así que marchamos. Nos comunicamos con Dimitri y Tatiana, ellos eran SK 51. Dimitri,  nos dijo: "Todo está dispuesto para el día G.  por la  noche. 

Vladimir, está con los nuestros, aunque muy enfermo. Las torturas a la que lo han sometido, son muchas y no tiene voluntad. Es Como un niño, indefenso y lleno de temor". Al descifrar el mensaje de Dimitri y Tatiana, sentí pena. Era increíble que este, gran escritor pudiese estar en esas circunstancias. El mensaje continuó. "Nos siguen. Estamos en peligro. Pero a la hora exacta, estaremos en el punto B". (Se había escogido con anterioridad. Se encontraba en una gran arboleda cerca del camino y era la parte más plana de la zanja, además, los reflectores, no penetraban con su luz, a esa espesura)

Al amanecer partimos. Nos encontraríamos  con Boris y Alexandra, SK 33.  Para seguir al punto  donde debíamos efectuar la operación. ¡Era el rescate de un gran hombre, de un gran escritor, de un gran defensor de los derechos humanos! Por ello, era necesario, que la prensa, nosotros, estuviéramos allí. Por ello habíamos sido escogidos. Hasta ese momento, estábamos tranquilos, dentro de las circunstancias.

Boris y Alexandra, nos acompañarían y eran ellos los que dirigirían el rescate, ya que ellos solo, ellos,  sabían cada detalle de la operación. Se despidieron de nosotros y los dos,  marcharon rumbo al puesto de control de la frontera. 

Solo los volveríamos a ver en el momento del rescate.  Nosotros dos, llevábamos nuestros equipos de filmación y de comunicación. Nada más. (Lo estrictamente necesario, para llevar a cabo nuestro trabajo informativo y como testigos de una gran labor humanitaria). (Nuestro número de clave era: ZZ 22)

Llegamos a la ciudad más al norte de este continente, Kero. Como simples turistas, despistados, alegres, y despreocupados, no pasamos desapercibidos, pero tampoco, a nadie le llamamos la atención, simplemente, éramos unos turista y nada más. Con un guía local, llamado Sah, (el agente: SZ 1. Era el solitario de nuestra primera entrevista con Iván).  

   Llegamos al punto señalado y a la hora indicada.   Vestidos de negro, con pasamontañas que cubrían nuestros rostros, tomamos los lugares acordados y señalados por Boris, en el mapa que  por medio de Sah, nos hizo llegar, ya, que desde que nos separamos, no habíamos vuelto hablar con el.

La misión se inició: (La aventura casual, había comenzado)

 Kan, en compañía de Dimitri,  rodaron por el piso para  llegar  hasta la alambrada. (La  luz de los reflectores pasaba cada dos minutos). Yo esperaba, mi señal para comenzar a filmar con lentes infrarrojos, el más atrevido y audaz, rescate.  
  
 Alexandra y Tatiana, con sus armas, estaban a mí lado. Mientras Iván y María (así se llamaba su compañera, esa mujer hermosa,  extranjera, admirada y respetada por Iván),  su pareja. Estaban en comunicación constante con el helicóptero de la marina de un país amigo.  Que era para mí, maravilloso, por ser, completamente silencioso. 

  La radio sonó. Era Boris. Él, era el que desde el lado enemigo traía hasta la frontera a  Vladimir. (Él, fue el héroe).

Estaba cerca. Vladimir se había desmayado. Kan y Dimitri,  ya tenía cortado el alambre, todo era silencio, de pronto, el reflector se detuvo y comenzó una ráfaga de ametralladoras. Rodé hasta donde Kan. 

 Estaba bien. Volvió a pasar la luz, nos pegamos al suelo, otra ráfaga. Sentimos que algo caía, alzamos la cabeza y vimos a Vladimir que seguía sin sentido. Alexandra estaba herida en brazos de Boris. Nos arrastramos hasta ellos y como pudimos, pasamos a Vladimir por la alambrada. (Yo, tenía mi equipo prendido, el cual estaba captando todo, ya que  llevaba  también, una pequeña cámara en mi casco) Boris nos dijo: “Salgan rápido, no se detengan, hay que salvarlo a él” Kan se alejó llevándoselo.

Tomé a Alexandra y con la ayuda de Boris, comenzamos a subir. En ese momento oímos los perros; de nuevo la luz  otra vez, el sonido de las balas. 

Por fin, llegamos a la arboleda. Teníamos que correr. Alexandra estaba muy mal, llegamos al campero y huimos.

 SK 51 se quedaron en Kero, acompañando a  SK 33, que eran Boris y Alexandra ya que ella se encontraba muy grave. Nosotros, seguimos sin parar hasta Herat. Iván nos estaba esperando.

 Doce horas de viaje, la tensión de la gravedad de una compañera, el silencio que debíamos tener, para que no  nos detectaran me tenía destrozada. ¡Nos tenía destrozados a los dos! Y más, que nosotros viajábamos con Vladimir. La responsabilidad nuestra, era muy grande, demasiado grande. 

 Por fin llegamos donde nos esperaba  Iván. Era una casa abandonada, en medio de un campo grande sembrado de cebada, nos dio un trago de vodka y por fin, vimos que Vladimir volvía de su largo letargo. Bajamos a un sótano, muy bien dotado, ¡era increíble!, hasta hermoso se podía decir .

Los ojos azules del escritor, estaban vacíos, no comprendía nada, tenía las muñecas y las manos, terriblemente heridas y en el cuello, se veían las marcas del collar de hierro que le habían puesto. Era inconcebible que un gran escritor, premiado varias veces por distintos gobiernos, estuviera convertido en un pobre ser indefenso e inerte. Todo esto me tenía aterrada. 

No volvería a ser tan audaz, aprendería a ser más prudente, menos curiosa y no me sentía capaz, de volver a disfrazarme de heroína.

 Claro que me sentía orgullosa de ayudar a una persona tan admirable como el, y que, más adelante, podría ayudar a otros. Pero sabía, también, que no soportaría otra experiencia como la que estaba viviendo.

Esa noche llegaría un avión, éste nos llevaría a Kalá, de allí volaríamos directamente a París  donde Vladimir, sería llevado al hospital de la organización.

 ¿Podríamos llevar a cabo la última parte del plan?

A la media noche salimos del sótano. En el campero llegamos a la pequeña pista de aterrizaje camuflada  y prendimos las luces que solo podían ser detectadas por el avión, silencioso. Por ese pequeño aparato, que nos llevaría a la libertad. En ese instante nos dimos cuenta que los agentes enemigos nos tenían rodeados. No había escapatoria.

Con ellos estaba Boris, más muerto que vivo, nos miró y dijo: Perdón, no pude resistir más y cayó muerto. Se escuchó la señal del avión  y como pude, avisé por mi pequeño radio, que estábamos rodeados. Sentí un dolor terrible en mi pecho y caí al suelo.

En mi se-mi inconsciencia, sentía el silbido de las balas por todas partes. Vladimir, que estaba a mi lado, lloraba como un niño. Por fin, todo quedó en silencio. Vi. a Kan. Se acercó a mi y me tomó en sus brazos. A Vladimir, lo alzó Iván. Todo había terminado. Estábamos en el avión y no supe más de mí.

Cuando desperté me encontraba en el hospital de Kalá, a mi lado, Kan, con una barba de varios días, ya no era postiza y mi mano se perdía entre las suyas, vi lágrimas en sus ojos. "Gracias a Dios, estas viva y vas a estar bien. Me has hecho sufrir" Sonreí, sus labios rozaron los míos y de nuevo, quedé dormida.

Días después, ya nos encontrábamos en París.  Vladimir, ya estaba seguro en manos de un gran médico: André Legrad. (La hermosa mujer de ojos negros, la extranjera callada y triste, la compañera de Iván, era la esposa del famoso escritor.) El Doctor, fue el que le dio todas las instrucciones a Kan cuando viajó a París.  Era el jefe supremo de esa Agencia humanitaria mundial  y estaba encargado de todos los que tuviese que ver con los derechos humanos de los que  pertenecían a  la cultura, el arte, las letras, la música y las comunicaciones.

Ya sabía todo y cada uno de los misterios de esta “Aventura Casual” que en realidad, no fue tan casual.

 Nosotros, nos sentíamos feliz.  Esta experiencia pocos colegas, tenían la oportunidad de vivirla. Muchas menciones de honor tuvimos, muchos primeros puestos en concursos internacionales, diplomas, medallas. Y unas largas y lindas vacaciones. Y una gran lección...  

Treinta años después, veo con asombro, que todo sigue igual. Otras guerras, otras personas, los mismos territorios,  los pueblos más pobres, más oprimidos y con el mismo sueño de libertad, de igualdad. 

La historia se repite, hasta que nosotros mismos nos destruyamos, en aras de la ilusión, de ser libres, iguales y  felices.

NOTA: Todos los lugares mencionados. Ciudades, puntos geográficos, nombres de  personas, son producto de mí imaginación.  Es una “Aventura Casual” que nació una tarde de invierno, en compañía de un grupo de amigos y unas copas de vino tinto caliente, en mi acogedor estudio.  


Eva



Domingo 12 de Mayo de 2013
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FIN