Buhardilla

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domingo, 12 de mayo de 2013

UNA AVENTURA CASUAL, V " EL FINAL"

   


CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES.



UNA AVENTURA CASUAL 

Quinto Capítulo V

EL FINAL 

Así que marchamos. Nos comunicamos con Dimitri y Tatiana, ellos eran SK 51. Dimitri,  nos dijo: "Todo está dispuesto para el día G.  por la  noche. 

Vladimir, está con los nuestros, aunque muy enfermo. Las torturas a la que lo han sometido, son muchas y no tiene voluntad. Es Como un niño, indefenso y lleno de temor". Al descifrar el mensaje de Dimitri y Tatiana, sentí pena. Era increíble que este, gran escritor pudiese estar en esas circunstancias. El mensaje continuó. "Nos siguen. Estamos en peligro. Pero a la hora exacta, estaremos en el punto B". (Se había escogido con anterioridad. Se encontraba en una gran arboleda cerca del camino y era la parte más plana de la zanja, además, los reflectores, no penetraban con su luz, a esa espesura)

Al amanecer partimos. Nos encontraríamos  con Boris y Alexandra, SK 33.  Para seguir al punto  donde debíamos efectuar la operación. ¡Era el rescate de un gran hombre, de un gran escritor, de un gran defensor de los derechos humanos! Por ello, era necesario, que la prensa, nosotros, estuviéramos allí. Por ello habíamos sido escogidos. Hasta ese momento, estábamos tranquilos, dentro de las circunstancias.

Boris y Alexandra, nos acompañarían y eran ellos los que dirigirían el rescate, ya que ellos solo, ellos,  sabían cada detalle de la operación. Se despidieron de nosotros y los dos,  marcharon rumbo al puesto de control de la frontera. 

Solo los volveríamos a ver en el momento del rescate.  Nosotros dos, llevábamos nuestros equipos de filmación y de comunicación. Nada más. (Lo estrictamente necesario, para llevar a cabo nuestro trabajo informativo y como testigos de una gran labor humanitaria). (Nuestro número de clave era: ZZ 22)

Llegamos a la ciudad más al norte de este continente, Kero. Como simples turistas, despistados, alegres, y despreocupados, no pasamos desapercibidos, pero tampoco, a nadie le llamamos la atención, simplemente, éramos unos turista y nada más. Con un guía local, llamado Sah, (el agente: SZ 1. Era el solitario de nuestra primera entrevista con Iván).  

   Llegamos al punto señalado y a la hora indicada.   Vestidos de negro, con pasamontañas que cubrían nuestros rostros, tomamos los lugares acordados y señalados por Boris, en el mapa que  por medio de Sah, nos hizo llegar, ya, que desde que nos separamos, no habíamos vuelto hablar con el.

La misión se inició: (La aventura casual, había comenzado)

 Kan, en compañía de Dimitri,  rodaron por el piso para  llegar  hasta la alambrada. (La  luz de los reflectores pasaba cada dos minutos). Yo esperaba, mi señal para comenzar a filmar con lentes infrarrojos, el más atrevido y audaz, rescate.  
  
 Alexandra y Tatiana, con sus armas, estaban a mí lado. Mientras Iván y María (así se llamaba su compañera, esa mujer hermosa,  extranjera, admirada y respetada por Iván),  su pareja. Estaban en comunicación constante con el helicóptero de la marina de un país amigo.  Que era para mí, maravilloso, por ser, completamente silencioso. 

  La radio sonó. Era Boris. Él, era el que desde el lado enemigo traía hasta la frontera a  Vladimir. (Él, fue el héroe).

Estaba cerca. Vladimir se había desmayado. Kan y Dimitri,  ya tenía cortado el alambre, todo era silencio, de pronto, el reflector se detuvo y comenzó una ráfaga de ametralladoras. Rodé hasta donde Kan. 

 Estaba bien. Volvió a pasar la luz, nos pegamos al suelo, otra ráfaga. Sentimos que algo caía, alzamos la cabeza y vimos a Vladimir que seguía sin sentido. Alexandra estaba herida en brazos de Boris. Nos arrastramos hasta ellos y como pudimos, pasamos a Vladimir por la alambrada. (Yo, tenía mi equipo prendido, el cual estaba captando todo, ya que  llevaba  también, una pequeña cámara en mi casco) Boris nos dijo: “Salgan rápido, no se detengan, hay que salvarlo a él” Kan se alejó llevándoselo.

Tomé a Alexandra y con la ayuda de Boris, comenzamos a subir. En ese momento oímos los perros; de nuevo la luz  otra vez, el sonido de las balas. 

Por fin, llegamos a la arboleda. Teníamos que correr. Alexandra estaba muy mal, llegamos al campero y huimos.

 SK 51 se quedaron en Kero, acompañando a  SK 33, que eran Boris y Alexandra ya que ella se encontraba muy grave. Nosotros, seguimos sin parar hasta Herat. Iván nos estaba esperando.

 Doce horas de viaje, la tensión de la gravedad de una compañera, el silencio que debíamos tener, para que no  nos detectaran me tenía destrozada. ¡Nos tenía destrozados a los dos! Y más, que nosotros viajábamos con Vladimir. La responsabilidad nuestra, era muy grande, demasiado grande. 

 Por fin llegamos donde nos esperaba  Iván. Era una casa abandonada, en medio de un campo grande sembrado de cebada, nos dio un trago de vodka y por fin, vimos que Vladimir volvía de su largo letargo. Bajamos a un sótano, muy bien dotado, ¡era increíble!, hasta hermoso se podía decir .

Los ojos azules del escritor, estaban vacíos, no comprendía nada, tenía las muñecas y las manos, terriblemente heridas y en el cuello, se veían las marcas del collar de hierro que le habían puesto. Era inconcebible que un gran escritor, premiado varias veces por distintos gobiernos, estuviera convertido en un pobre ser indefenso e inerte. Todo esto me tenía aterrada. 

No volvería a ser tan audaz, aprendería a ser más prudente, menos curiosa y no me sentía capaz, de volver a disfrazarme de heroína.

 Claro que me sentía orgullosa de ayudar a una persona tan admirable como el, y que, más adelante, podría ayudar a otros. Pero sabía, también, que no soportaría otra experiencia como la que estaba viviendo.

Esa noche llegaría un avión, éste nos llevaría a Kalá, de allí volaríamos directamente a París  donde Vladimir, sería llevado al hospital de la organización.

 ¿Podríamos llevar a cabo la última parte del plan?

A la media noche salimos del sótano. En el campero llegamos a la pequeña pista de aterrizaje camuflada  y prendimos las luces que solo podían ser detectadas por el avión, silencioso. Por ese pequeño aparato, que nos llevaría a la libertad. En ese instante nos dimos cuenta que los agentes enemigos nos tenían rodeados. No había escapatoria.

Con ellos estaba Boris, más muerto que vivo, nos miró y dijo: Perdón, no pude resistir más y cayó muerto. Se escuchó la señal del avión  y como pude, avisé por mi pequeño radio, que estábamos rodeados. Sentí un dolor terrible en mi pecho y caí al suelo.

En mi se-mi inconsciencia, sentía el silbido de las balas por todas partes. Vladimir, que estaba a mi lado, lloraba como un niño. Por fin, todo quedó en silencio. Vi. a Kan. Se acercó a mi y me tomó en sus brazos. A Vladimir, lo alzó Iván. Todo había terminado. Estábamos en el avión y no supe más de mí.

Cuando desperté me encontraba en el hospital de Kalá, a mi lado, Kan, con una barba de varios días, ya no era postiza y mi mano se perdía entre las suyas, vi lágrimas en sus ojos. "Gracias a Dios, estas viva y vas a estar bien. Me has hecho sufrir" Sonreí, sus labios rozaron los míos y de nuevo, quedé dormida.

Días después, ya nos encontrábamos en París.  Vladimir, ya estaba seguro en manos de un gran médico: André Legrad. (La hermosa mujer de ojos negros, la extranjera callada y triste, la compañera de Iván, era la esposa del famoso escritor.) El Doctor, fue el que le dio todas las instrucciones a Kan cuando viajó a París.  Era el jefe supremo de esa Agencia humanitaria mundial  y estaba encargado de todos los que tuviese que ver con los derechos humanos de los que  pertenecían a  la cultura, el arte, las letras, la música y las comunicaciones.

Ya sabía todo y cada uno de los misterios de esta “Aventura Casual” que en realidad, no fue tan casual.

 Nosotros, nos sentíamos feliz.  Esta experiencia pocos colegas, tenían la oportunidad de vivirla. Muchas menciones de honor tuvimos, muchos primeros puestos en concursos internacionales, diplomas, medallas. Y unas largas y lindas vacaciones. Y una gran lección...  

Treinta años después, veo con asombro, que todo sigue igual. Otras guerras, otras personas, los mismos territorios,  los pueblos más pobres, más oprimidos y con el mismo sueño de libertad, de igualdad. 

La historia se repite, hasta que nosotros mismos nos destruyamos, en aras de la ilusión, de ser libres, iguales y  felices.

NOTA: Todos los lugares mencionados. Ciudades, puntos geográficos, nombres de  personas, son producto de mí imaginación.  Es una “Aventura Casual” que nació una tarde de invierno, en compañía de un grupo de amigos y unas copas de vino tinto caliente, en mi acogedor estudio.  


Eva



Domingo 12 de Mayo de 2013
Derechos de Autor Reservados


FIN

martes, 7 de mayo de 2013

UNA AVENTURA CASUAL IV





CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES.






Cuarto Capítulo IV


Las cinco de la mañana. Iván nos dio un suculento desayuno y luego comenzaron las instrucciones. Nuestros radios estaban en la misma frecuencia de SZ1, él estaba en la ciudad fronteriza de Kero.

La entrega sería a media noche de un  día, que solo nos comunicarían el día anterior.

 Un día que no hubiese luna y menos llena. 

 Esto, nos cubriría un poco más, pero teníamos que tener cuidado, ya que toda la frontera estaba muy bien vigilada por altas torres con grandes reflectores y vigías muy bien armados, además, existía una barrera de zanjas profundas y en la mitad de ellas, la alambrada, la cual, teníamos que cortar. La información e instrucciones que faltaban,  nos la darían en Paris, a Kan Jai o a mí.

Dejamos a Iván y cuando ya estábamos solos, comenzamos a hablar sobre esto. ¿En que nos estábamos involucrando?  ¿Con quién nos estaban  confundiendo? ¿Debíamos seguir adelante o salir corriendo?  ¿Era bueno o malo para nuestro  periódico, que solo buscaba la exclusiva de una noticia de carácter histórico y científico y que nosotros, dejaríamos  tirada  al salir detrás de algo desconocido?

¿Esto era bueno para nuestra carrera, para nuestro futuro? Nos quedamos callados a todos los interrogantes que nos planteábamos. A todas nuestras dudas,  a todas nuestras indecisiones.

No separamos y ese día cada cual, a solas, trabajamos y ni siquiera al almuerzo estuvimos juntos.  Huíamos el uno de del otro, no queríamos confrontar nuestros pensamientos, ni nuestras decisiones. 

Por la noche, ya más serenos, tranquilos y también cansados, decidimos que haríamos las dos cosas. Kan iría a Paris. Yo, me quedaría en el campamento y cubriría todo el trabajo de los dos. Teníamos que aceptar lo que el destino nos había colocado en las manos.

Kan empaco pocas cosas. Salió para  arreglar todo lo del viaje y al amanecer marcho a una nueva y desconocida  aventura que nos involucraría a los dos.

(Después, cuando ya todo terminara, yo conocería  lo vivido por mi amigo y compañero en Paris).

 Pasaron los días. Nada sabía de Kan. ¿Por qué no nos podíamos comunicar? ¿Qué estaba pasando? Varia veces estuve en el bazar al pie de la radio y hablando con Iván. El, como yo, estába sorprendido. Era un silencio absoluto. ¿Esto, era buena señal o mala?

Los días pasaban,  seguidos de sus noches. Pasó una semana, dos y al terminar la tercera, ¡llego por fin Kan!  Nada dijo… En su cara había un gesto de preocupación y al mirarme o al abrazarme, me daba la impresión de que quería protegerme de algo, de alguien…

Y llegó el día. En compañía de Iván y de su compañera, una mujer callada, hermosa, con un dejo de tristeza al hablar y unos grandes pero inexpresivos ojos negros, que adornaban su piel de una pálida blancura. No era de esas tierras, era, como nosotros, una extrajera.

¿Quién en realidad, era ella? A Iván se le notaba la admiración y el respeto que esa mujer le inspiraba. Cada vez, yo estaba más intrigada y al mismo tiempo, más decidida a llevar a cabo esta misión, de la cual, no sabía  en ese momento, menos que nada.

Partimos en una caravana pequeña de camperos del desierto y guiados por los hombres de la misma tribu, que nos había acompañado en todo el recorrido desde   Kushanh “Ciudad Perdida”  hasta las excavaciones. 

Cruzamos  el desierto en dirección norte. En la noche, acampamos en un pequeño oasis protegido de los vientos helados del desierto.

 Esa noche, fui enterada de muchas cosas: A donde nos dirigíamos, que íbamos hacer y como lo íbamos hacer. Hasta cierto punto, no corríamos un gran peligro.

 Yo,  que creía que nos habían confundido, lo mismo que Kan (  ya les había contado). Pero no. Sabían muy bien quienes éramos y fuimos escogidos. No por equivocación, sino, por ser nosotros. 

Eva


Martes, 7 de mayo de 2013


(Continuará... El Quinto y último  capítulo, vendrá pronto.) (07-05-13)


Derechos de Autor Reservados 







   

jueves, 18 de abril de 2013

UNA AVENTURA CASUAL III





CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES.






Tercer Capítulo III



Todo estaba listo. Los camperos para atravesar la cordillera, y todo el equipo propio de unos científicos independientes para poder llegar al oasis.

 Hacíamos parte de una caravana. En este territorio, nadie podía viajar solo.  Allí, en el oasis, en pleno desierto, encontraríamos a los científicos verdaderos  y recibiríamos todas las instrucciones necesarias para seguir las excavaciones que nos harían encontrar la antigua capital de este reino. Una ciudad de ensueño, según decía la leyenda.

 Llegamos al punto de reunión y así, comenzó nuestro trabajo. Las fotografías en las montañas fueron bellas y las de la caravana, con sus  camellos ,caballos, (hermosísimos), burros y camperos, eran de una armonía total. Lo mismo que sus tiendas y campamentos.

 Los hombres de esta tribu, (los especializados, en cruzar las montañas y el desierto, son de una tribu nómada, pacífica) no todas las tribus del desierto lo son, ni prestan este servicio. 

Estos, eran bellos: Altos, fornidos y como sus mujeres, de facciones perfectas.

Trabajaban, cuidaban de cada uno de los que hacíamos parte de su caravana, pero además, eran altivos, orgullosos y siempre, guardaban una cortante distancia con los extranjeros.

Viven en medio de un gran lujo. Las tiendas son de seda, el piso lo cubren con alfombras persas y los cojines, son de plumas y terciopelo. En éste ambiente, viviríamos mientras avanzábamos. El campamento fijo, era igual. 
Y así viviríamos hasta completar nuestro trabajo. (Nosotros en nuestras tiendas, independientes de ellos, pero, compartiendo a ratos).

 Nuestro misión era, tomar fotos, filmar, todo el trabajo de los científicos escribir, sus historias y lo mejor, el encuentro de la Ciudad, la antigua capital de este reino. Una Ciudad de ensueño. kasofia  existente  3.000 años antes de Cristo,  que se encontra, todavía hoy,enterrada por las arenas del desierto.  

¡Nuestra gran noticia! ¡Nuestra exclusiva! ¡Nuestro triunfo!

 (Pero en lo que sí, debíamos tener cuidado era,  que no se supiera nuestra verdadera profesión: “Periodistas”. (Que de científicos, no teníamos nada)

Nada raro  había ocurrido. Las comunicaciones diarias con el periódico, nos indicaba que todo estaba en orden, tanto de parte de ellos, como de nuestra parte. 

Algo nos llamó la atención y fue la cantidad de refugiados que se dedicaban a tejer las llamadas alfombras persas y fue esto, un trabajo adicional para nosotros.

La cantidad de historias, de anécdotas, de vivencias y recuerdos iban quedando en nuestras películas y grabadoras.  Pero, también, nosotros, llamábamos la atención, entre el grupo de científicos, trabajadores, nativos y refugiados.

Era tanto el material de trabajo, tan diferente, tan variado, tan interesante, que tal vez, nos descuidamos en cubrir nuestra verdadera identidad, y nos embriagamos con la cantidad de todo aquello, que teníamos en nuestras manos.

Y, comenzamos a notar cosas muy raras: Recelo, desconfianza, inquietud, grandes silencios, o el deseo oculto, pero notorio, de uno o de otro, para profundizar en un problema regional, nacional, internacional, religioso, o político. Como noticia, era un material valioso. Algo maravilloso,   pero los riesgos se hacían grandes. Al principio no nos dimos cuenta, pero poco a poco, comenzamos a comprenderlo. ¿Fue un error nuestro? ¿Nos confiamos o descuidamos? ¿Estábamos triunfando o fracasando? No lo sabíamos, o no lo queríamos comprender abiertamente. 

Pronto nosotros mismos,  iríamos a la boca del lobo y felices entraríamos en ella sin medir las consecuencias. Nos embriagamos con una oportunidad, que sin buscarla,  nos llevaría al éxito total. (¡Pobre de nosotros! ¡Que ilusos fuimos!)   
        
Un día llegamos al bazar de Iván. Íbamos de compras. Él era el proveedor de todo el campamento, todo lo que necesitábamos, lo conseguíamos allí. (Era una gran tienda). Nos hizo entrar y nos llevó al fondo, que estaba separado por una linda y gruesa alfombra. (Una tienda pequeña metida en la gran tienda).   Nos miramos Kan  yo, no comprendíamos nada, pero pasamos.

 “Este será vuestro cuartel, mientras estéis acá” nos dijo Iván, sentándose frente a un radio transmisor de largo alcance y de última tecnología. Siguió hablando: Yo soy SZ24 y Uds. deben escoger un número que los identifique. Nosotros… No hablábamos, nos mirábamos y nada más. Creo, que este,  fue nuestro primer  error.

Y sigue una cadena de pequeños, pero transcendentales errores. Que nadie, se los podía imaginar y  menos, nosotros, que estábamos embriagados con tanta información. 

Siguió hablando: Mi clave es par. Tengo pareja. Por lo cual, Uds. tendrán una clave par, por ser pareja.  Ahora, recibiremos la comunicación de un  un solitario: SZ1.

Se escucho la voz de este personaje: "Llamando: SZ1 llamando". Iván, dijo: "Listo: SZ24 escucho". y de nuevo la voz de SZ1 se escucho: "Paloma mensajera vuela a casa" Fuera.  No dijo nada más...

(En ese momento, comprendí, que todos estábamos en un error y que ya,  era imposible retroceder).

Eva

 ( Continuará... El Cuarto capítulo, vendrá pronto.) (18-04-13)                     




  Derechos de Autor Reservado





miércoles, 10 de abril de 2013

UNA AVENTURA CASUAL II.



CUENTO, DE FICCIÓN, DE REALIDADES. 



Segundo Capítulo II




A la media hora, ya estaba lista, bañada y vestida de blanco. Me sentía como nueva; bajé al bar, en mi muñeca llevaba el reloj, que era también, radio, teléfono, cámara fotográfica, filmadora, grabadora y rastreadora. Lo último en tecnología para un periodista o para un "espía". Y en el bolso, solo llevaba cosas de científica calificada y femenina. Además, con Kan, no necesitaba llevar más.

Salimos del Hotel, que está situado en la parte moderna de la ciudad y el taxi nos llevó al centro. Esta ciudad es extraña y encantadora.  Está construida como una U mayúscula con los extremos dirigidos hacia el oeste, donde una cadena de montañas cierra la llanura  desértica, donde hasta hora, la ciudad siempre ha  descansado. En el interior de la U, se encuentra un oasis, formado por una linda corriente de agua, un pequeño río, que forma un  gran lago, lleno de palmeras. En uno de los costados de aquel lago, se  agrupa la ciudad antigua, llena de mezquitas y bazares y callejuelas que son fascinantes. En el otro,  se levantas la ciudad moderna, con bellas residencias de estilo europeo, todas escondidas detrás de altos muros. En ese sector hay jardines espaciosos, balcones que dan al lago, al oasis  y allí, se encuentra, esa frescura confortable que es una de las características de esta parte del mundo. Lo que más me llamó la atención de la ciudad, es que no hay almacenes modernos, ni cines, ni restaurante donde pueda ir un occidental y eso, que hay muchos. Solo, se ven grandes Centros Comerciales donde si se encuentra de todo. 
  
Volvimos al Hotel, ya era tarde. Las noches en Ciudad Perdida, son frías. Al amanecer sonó la radio. Alguien nos llamaba, toque a la puerta de Kan, y el contesto la llamada. Era el Jefe de la expedición. Saldríamos en dos horas. 

Antes teníamos que preparar todo nuestro equipo de campaña y conocer a los otros compañeros.

Me vestiría como cualquier mujer del pueblo. Una larga túnica azul de seda rebordada con un capuchón  rectangular. Parecía más una capa. Era un vestido de mujer, de  una tribu nómada del desierto y así, no correría ningún peligro. Si nos encontrábamos con ellos, en el camino.  

La túnica, debajo de la cintura, lleva dos grandes bolsillos donde se deben esconder las manos. La mía, solo tenía las aberturas por las cuales, podía tomar el revolver que llevaba.

Sonó la puerta. Viré en redondo y me encontré con un extraño hombre. Era Kan. ¡Que distinto se veía con ese traje de los nómadas! En su cabeza, llevaba un  largo turbante, Una camisa exquisitamente bordada, cuyas faldas le caían debajo de las rodillas. En la cintura, llevaba una correa de cuero con dos revólveres Pantalones blancos muy anchos con botas altas. Un chaleco rojo y una chaqueta perfecta. Parecía un príncipe de cuentos de hadas. Kan, vio mi asombro y admiración y se rió de mí, mostrando sus dientes blancos que contrastaban con su piel morena.  Todo, el equipo iba igual. Pero no a todos les quedaba bien.

Miércoles 10 de abril de 2913

Eva

( Continuará... El tercer capítulo, vendra pronto.) 


Derechos de Autor Reservados






domingo, 7 de abril de 2013

UNA AVENTURA CASUAL I




UNA AVENTURA CASUAL

Les voy a contar un cuento de ficción, de realidades. Sé, que en esta tarde y en muchas otras, la pasaremos muy bien.

       Primer Capítulo I     


"Señores pasajeros por favor abrocharse los cinturones, sobrevolamos la Ciudad de Kushanh “Ciudad Perdida”. Les deseamos una grata estadía en ella" Con estas palabras salí de mi letargo. El calor era sofocante, el aire acondicionado poco o nada servía, mi compañero se sonreía al ver mi incomodidad. Si no hubiese sido mi amigo, desde que entré al diario, lo había fulminado, pero es imposible ser descortés con un ciudadano de Ciudad Perdida. Estas, son las personas más hospitalarias, simpáticas y amables que existen. 


Kan Jai, se llama mi amigo. Y  ahora, que por primera vez me asignaban una misión, mi compañero. El me escogió, quería ser mi guía en su país y además, deseaba que perfeccionara todo lo que me había enseñado; no quería que me arriesgara sola o a recibir órdenes de otra persona distinta a él, en mi bautizo de tinta. 

Ciudad Perdida es la capital de un gran y antiguo Reino. Este hermoso país está  situado en Asía, Su territorio es árido por la falta de lluvia. Es parte de un desierto.  Es un punto muerto y al mismo tiempo, de gran importancia para occidente. Por sus riquezas arqueológicas y sus tesoros escondidos.  El cual, nosotros íbamos a explorar. Nuestra misión era delicada y muy secreta. Solo dos alternativas teníamos, triunfar o triunfar.  Como periodistas, era hasta gracioso vernos involucrados en una misión científica de esta magnitud.

Por fin el avión tomó la pista. El aeropuerto es lindo y su arquitectura, es totalmente moderna. Tanto la aduana, como las distintas oficinas de las empresas aéreas, son atendidas por hombres, cosa que me llamó mucho la atención. Kan, que me conoce bien, me dijo: "La mujer, en nuestro país, no trabaja. Solo está en casa. Más adelante, te contaré nuestras costumbres”.

En el Hotel, nos dieron dos hermosas habitaciones comunicadas entre sí, por una puerta disimulada. Ya instalados con nombres nuevos y papeles en regla, comenzamos a organizar y a repasar nuestros planes.  (Éramos como dos pequeños, jugando a ser espías. Periodistas detrás de una noticia, con caras de arqueólogos, de científicos, muy serios y yo, como siempre, restándole importancia a las cosas, para reírme) 
   
 Buscamos micrófonos, cámaras de televisión y nada encontramos. Pusimos los mapas en la mesa central, sacamos nuestra radio portátil, el minicomputador, las cámaras fotográficas y los demás pequeños aparatos tecnológicos  que habíamos llevado, todo estaba en orden y listo para usarlo.

Teníamos veinticuatro horas para descansar antes de que nos reuniéramos con nuestros compañeros, todos hombres y mujeres de ciencia.  Respiramos más tranquilos. Todo hasta ahora, estaba saliéndonos bien.

Desperté sobresaltada, el teléfono sonaba, miré mi reloj, eran las cuatro de la tarde. Descolgué el auricular y era Kan quien estaba en la línea. ¿No sabes que tengo que mostrarte la ciudad? Ven, es importante que la conozcas, te espero en el bar, no tardes. Quise decirle que estaba rendida. El viaje de Madrid, hasta Ciudad Perdida, me había dejado extenuada, pero no pude.  Solo dije: Está bien, está bien, voy.

Domingo7 de abril de 2013 

                                                                                    Eva


( Continuará... El segundo capítulo, vendrá pronto.) 


                                                                                                                                                  Derechos de Autor Reservados

miércoles, 13 de marzo de 2013

HONOR LATINO AMERICANO




Bogotá, D. C. 13 de Marzo de 2013.

Amigos y conocidos Argentinos:

Me abrazo a todos Uds. Para celebrar, en su compañía, la dicha de nuestro primer PAPA.

Es un gran honor para todos nosotros, LOS LATINO AMERICANOS. Tener en el trono de San Pedro, al PAPA FRANCISCO.

Que las bendiciones de Dios y la Virgen Santísima, por su mediación, lleguen a nuestro Continente, y nos llene de  paz.

DESDE COLOMBIA, TODO MI AMOR Y EL AMOR DE TODO MI PUEBLO, PARA EL PUEBLO HERNAMO Y AMIGO DE  ARGENTINA.

Eva Margarita

sábado, 9 de marzo de 2013

HOLA AMIGO IV




HOLA AMIGO  IV

Hola amigo por fin volvemos hablar. Todos estos meses que has estado lejos te he extrañado. Tu oficina cerrada, tus consejos, tu risa, tu mano tendida siempre para que me apoye en ella.

Mírame, estoy triste, no sé qué puedo hacer. Ya llega la primavera, no estaremos juntos, No estarás a mi lado.

Me voy a sentir tan sola, como estos meses que estuviste lejos. Gracias por admirar mi trabajo. ¿Verdad, que todo  ha quedado muy bien?

Pero bueno, no hablemos de nuestro trabajo. ¡Que gracias a Dios, lo realizamos!

No hubo ni una mala nota. Nuestras entrevistas, fueron todo un éxito. Tus artículos y los míos fueron  geniales. Tu viaje fue maravilloso y el mío, va hacer igual.

¿Me preguntas por mi vida? Ya te he contado algo y como siempre, de desacierto en desacierto.

  En todo caso, es una linda,  maravillosa historia, sin recuerdos, sin rencores. Sin amargura. He seguido como puedes ver todos tus consejos al pie de la letra. 

Ya no tienes porque enojaste.

¿Dime, por qué te enfadas tan fácilmente conmigo, cuando te cuento algo de mi vida?  Pareces celoso. ¡No me hagas reír! Toda una vida, hemos estado juntos, nos conocemos desde niños, y siempre me has querido y defendido como un hermano y nada más. Estudiamos juntos, trabajamos juntos y también, soñamos juntos y todos los días, me corriges, me enseñas, me consuelas, me apoyas y yo, me siento feliz a tu lado.

Bueno amigo, me encanta que ya de nuevo estés en casa. Pronto será primavera y me iré como otras veces, pero estaremos juntos y no te preocupes, seguiré tus consejos. Cuídame la oficina y no mires mis correos. Otra vez te enfadaste. ¡Es una broma no más! Te quiero mucho nos vemos mañana. No, mejor vamos a tomar café, y escuchamos un buen rato música, la que nos gusta.   
                                  Eva   

 Sábado 9 de Marzo de 2013
Derechos de Autor Reservados