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martes, 27 de noviembre de 2012

CUENTO: LA CASA ENCANTADA




“Cuento”


LA CASA ENCANTADA


Cuando era una niña, vivía con mis padres en una casa muy linda, muy antigua y aun así, estaba llena de luz. Los patios eran cuadrados, (habías tres), cada uno, tenía una fuente distinta.

 La primera: Era una linda torre morisca, de donde salía el agua que la alimentaba  cayendo en un hermoso pozo alargado lleno de lotos, y rodeada de jardín. Recordando a Granada.

La segunda: Era redonda, la clásica, en el patio central. Tenía muchos peses de colores Un gran ángel la remataba y el chorro de agua, salía de su corona de flores.

La tercera: Era muy distinta. Daba la impresión de un gran pozo de agua, con su balde, su lazo, su enredadera, de campanilla y muchas rosas y jazmines. No era profunda, se podía ver el agua cristalina y el sonido de ella.

La casa estaba encantada: En la sala principal. (Pero ocurría en todas partes de ella). Se podía oír a determinadas horas, el canto dulce y a la vez triste de una niña. Otras veces, se oía la suave música de un piano, o se sentía, una agradable aroma de jazmines. Claro, que en el patio de atrás, habían muchos.

Estos sonidos eran muy suaves, muy tenues, lo mismo que el perfume que se sentía.

Todo esto, no era extraño para nosotros y no, nos producía, miedo o de temor. Era una presencia dulce, no inquietante.

En el estudio, donde todas las noches nos reuníamos; cada uno a preparar sus tareas, o cuando era el día de reunión con los primos. Sentíamos que alguien nos miraba, que estaba a nuestro lado, y también, que se aburría y se iba, sin decir nada.

(En el último patio, nos habían hecho a mi hermana y a mí, una casa de muñecas, donde podíamos jugar con nuestras amigas. Todos los Muebles y utensilios de ella, guardaban proporción con nuestro tamaño, por lo cual, podíamos entrar y salir con facilidad y lo mismo pasaba con los muebles).

Pues era allí donde el ángel, (así llamábamos todos esa presencia, dulce y amigable), más permanecía. La arreglaba, le colocaba flores, cerraba y abría las ventanitas, lo mismo que las puertas y hasta jugaba con las muñecas y con nuestros perros. Era gracioso, como corrían detrás de una pelota que se movía sola y más, todavía, cuando regresaban con ella, hasta el punto de donde había salido y movían su colita, pidiendo empezar de nuevo el juego. Ellos la veían, más nosotros no.

Ese ángel era ¡genial!. Crecía a la par de nosotros. Y le dio por estudiar con todos. Si en nuestras tareas teníamos alguna pregunta o problema sin resolver, la fragancia de los jazmines, nos guiaba para que pudiéramos encontrar la solución. A veces, le gustaba más, leer el periódico con papá o ver la novela de turno con mamá. Otras veces, se retiraba y ya no sentíamos ni su ayuda ni su presencia.

¿Donde dormía? ¿A dónde iba cuando no estaba con nosotros? Pues nos convertimos en detectives, hasta que por fin, encontramos que la casa de las muñecas, era de un todo y por todo su casa. ¿Pero cómo no nos dimos cuenta, si era su lugar preferido?

Llegó el día en que papá y mamá decidieron vender la casa y nos mudamos a un apartamento moderno, pero el angelito, no se fue con nosotros. Todos extrañábamos su presencia, sus cantos, su piano y su suave aroma, pero nada podíamos hacer.

Nuestra casa fue demolida, porque por allí, pasaría una gran avenida.

Y ocurrió algo muy especial: Un día, cualquiera sentimos su presencia, su aroma. En nuestra nueva casa. Fue una sensación extraña, sabíamos que nunca más volveríamos a saber de ella. Fue su despedida.

Uno de mis hermanos se graduó de Ingeniero y su tesis fue sobre la construcción de las casas antiguas de nuestra Ciudad. Al hacer las investigaciones para ella, encontró la historia de nuestra casa y supimos que los primeros dueños, la familia que la construyó, habían tenido una niña que nació muerta; la mamá muy triste, en vez de regalar todo lo que tenía preparado para su nacimiento, lo había enterrado en el último patio y jamás volvieron a tener hijos.

Hablamos con el Ingeniero encargado de la demolición y le preguntamos si habían encontrado algo en ese lugar y nos dijo que sí.

Al retirar las fuentes, que el municipio, colocaría en un parque, encontraron un baúl lleno de juguetes, ropa de niña, muñecas y un lindo ángel de porcelana, que en la base llevaba el nombre de Ángela Rafaela. Además, de un relicario, que tenía adentro dos retratos, hombre y mujer y un pequeñito mechón de pelo. Todo estaba en manos del museo local.

Allí nos dirigimos: Hablamos con el Director del Museo, vimos las cosas que pertenecieron a los padres de Ángela Rafaela y le contamos todo lo que habíamos vivimos con ella. Él nos pidió que escribiéramos la historia de nuestra experiencia. Y así lo hicimos.

 Cuando nos encontrarnos de nuevo con el Director, nos contó que desde el día que nosotros habíamos ido, se escuchaban las canciones tristes, el sonido del piano y la inquietud de todos los juguetes.

El, estaba creando, en el Museo, un lugar especial para exhibir todo aquello y contar su historia. Además, había mandado hacer una réplica exacta del relicario y del ángel, porque nos daría de recuerdo, el original, tanto del uno, como del otro. Ya que quería que  tuviéramos algo físico de esa compañerita de nuestra niñez.

Llegamos felices a nuestro apartamento y fue lindo volver a sentir la fragancia de jazmines a nuestro alrededor y lo mejor, cuando estábamos en peligro, nos avisaba, pero ya no nos ayudaba con nuestros trabajos. Pero si, le gustaba escribir conmigo. (Le encantaba el computador (ordenador). 

Estaba muy a gusto con lo que les estoy contando de ella.

 Pero un día, todo se acabó y ninguno, la volvimos a sentir.

 Pero, si sigue protegiéndonos. Aún ahora, que estamos mayores. Todos, sabemos de qué Ángela Rafaela, está a nuestro lado cuidándonos.

Bueno, otra dulce historia para una tarde fría de invierno. 

Eva

Martes 27 de Noviembre de 2012.
Derechos de Autor Reservados



3 comentarios:

  1. Querida Eva Margarita, realmente acabo de leer tu delicioso cuento. Escribes admirablemente y si tu lo permites he de volver con mas tiempo para deleitarme leyendo tus palabras.

    Un cálido beso y gracias por tu invitación.

    Federico

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  2. Hola Federico:
    Gracias por tu visita. y por tan cálidas palabras. Espero volverte a ver.
    Un abrazo muy grande, Eva

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